viernes, 30 de noviembre de 2007

Me gusta decírtelo.

Te extraño tanto, tanto...
Si me preguntases que es lo que hace que así sea, no sabría muy bien que responder.
Echo de menos el beso de buenos días, el de buenas noches, el de llegada, el de partida. El sonido de tus llaves al llegar a casa, las camisas para planchar, el caminar de la mano, tu comida de los fines de semana.
Echo de menos el que te quedes ahí, apoyado en la puerta, mirándome mientras plancho y canto al mismo tiempo que me muevo al ritmo de la música. Y al sentir tu mirada en mi espalda darme la vuelta y verte sonreír.
Echo de menos nuestros planes de futuro.
Echo de menos nuestras pequeñas peleas.
Echo de menos el olor tan especial de tu piel.
Echo de menos el calor de tu cuerpo.
Echo de menos tu sonrisa.
Echo de menos tu voz.
Echo de menos tus caricias.
En resumen, te echo de menos a ti.
No sé si allí donde estés sabrás todo esto. No sé si allí tú me echarás de menos a mí. La verdad es que ni siquiera sé si existe un allí.
Lo que sí sé, de lo que sí estoy segura es de lo mucho que te echo de menos y de lo mucho que te necesito, por eso quería, deseaba que mis primeros sentimientos aquí fueran para ti porque...
Te extraño tanto, tanto...
Te quiero y, aunque sé que tú lo sabes, me gusta decírtelo.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Eso de escribir... (y 2).

Hola de nuevo.
A propósito, el bizcocho me quedó muy bueno, lástima que por este medio no podáis probarlo.
Veamos..., por donde lo dejé ayer... ¡Ah, sí!, os estaba diciendo que a medida que fui haciéndome mayor le fui sacando el gustillo a eso de escribir.
Pues sí, empecé a sentirme bien escribiendo cualquier cosa que se me ocurriera, no me importaba si dentro de una carta comentaba alguna cosa que me hubiera pasado en ese día y que me hubiera parecido algo especial. Así fue como mis cartas empezaron a ser más amenas y empecé a recibir respuestas más a menudo y lo que es mejor, más divertidas.
Cuando el teléfono se convirtió en un aparato de lo más normal en nuestras casas, las cartas empezaron a olvidarse. Era mucho más fácil coger el teléfono y pegar "una parrafada" con quien fuera y claro, no digamos ahora, con eso de los móviles que, menos cocinar y planchar, hacen de todo. Y bueeenooo, el ordenador, esa maravilla que consigue que hables con tus familiares, amigos y hasta con gente que no conoces a través del messenger o de los chat y que, si lo que te apetece es escribir un mail, no tienes que preocuparte de las faltas de ortografía (él te lo corrige todo, todo y todo). Y si te equivocas olvídate de tachar, borrar o volver a empezar. Das a esa teclita maravillosa de seleccionar y "zas", con otra teclita que pone "supr", como si fueras la "quintaesencia de las maravillas en ortografía y caligrafía".
Total, que los adelantos actuales han hecho que olvidemos ese incordio que suponía el coger un folio, buscar un "boli", sentarnos en un lugar cómodo, tardar en escribir todo aquello que contaríamos en un "santiamén" por cualquiera de los otros medios; levantarnos a coger el sobre que se nos había olvidado... Uyyy, ahora se nos olvidó buscar la agenda para poner las señas en el dichoso sobre. Volvemos a levantarnos, escribimos la dirección, metemos la carta en el sobre y, después de cerrarlo, nos damos cuenta que no tenemos sellos de correos por lo que, o nos toca salir de casa en ese momento o esperamos al día siguiente y al salir de trabajar pasamos por un estanco y compramos los dichosos sellos que, lógicamente, después de pegar uno en la carta, guardamos el resto en ese lugar que seguro recordaremos para la próxima vez. Más tarde, cuando volvamos a necesitarlos tendremos que llamar a Sherlock Holmes para dar con ellos.
Pues y, a pesar de todas estas molestas inconveniencias, el escribir una carta de puño y letra resulta de lo más agradable tanto para la persona que la escribe como para la que la recibe, es, como si en cada palabra que escribimos estuviera una pequeña parte de nuestra personalidad, de nosotros mismos, de nuestro cariño hacia la otra persona, pero ya veis, casi ni las felicitaciones de Cumpleaños o Navidad se escriben.
Ahora se "curra" uno un pps cada vez más complicado y con él felicita a todos los familiares, amigos, conocidos y demás y uno queda "de miedo", porque al mismo tiempo ese mismo pps, vuela de mano en mano ya que muchos de esos familiares, amigos, conocidos y demás, envían a su vez tu pps como felicitación a sus familiares, amigos, conocidos y demás hasta que, en un momento determinado, el pps que creaste vuelve a tus manos enviado por un familiar, un amigo o un conocido y, es entonces, cuando te das cuenta de que con tu trabajo, tropecientas personas han felicitado a otras tropecientas y "Plaf", no sabes si sentirte tremendamente orgulloso o tremendamente decepcionado.
Vaya, creo que si me leyeran los de "Correos", tal vez se pensasen en darme un franqueo pagado para el resto de mis días por la propaganda que les estoy haciendo, porque aunque os parezca que no, yo, personalmente, estoy a favor de escribir esas felicitaciones de puño y letra y enviarlas por correo.
Veamos..., ¿Cuántos de vosotros no se siente muy bien cuando al abrir el buzón de su casa encuentra un sobre que no es del Banco, o propaganda para que compres algo porque al comprarlo te regalan no sé que otra cosa que no sirve para nada, o esos papelitos de videntes, adivinos, echadores de cartas etc., que tanto abundan hoy en día y dicen son capaces de resolver cualquier problema que tengas... ?.
Realmente, ¿no te hace feliz recibir una carta?... ¿Es para pararse a pensar o no?.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Eso de escribir...

Hola a todos.
De niña odiaba escribir cartas, era como un suplicio, me sentaba frente a una de esas hojas con rayitas de color gris para que no nos torciéramos al escribir, (como si el torcerse fuera un horrible pecado), a lo que iba, ponía con mucho ánimo la localidad y fecha a la derecha y empezaba:
Querido/querida (lo que fuera) y..., ¡allí se terminaba mi ánimo!. Podía pasarme tiempo y tiempo sin escribir una sola palabra más y cuando, por fin, conseguía empezar a escribir lo hacía con una letra enorme, muy espaciada, para llenar cuanto antes esa monstruosa hoja que amenazaba con devorar mi brazo desde la punta del bolígrafo hasta el hombro.
Cuando y, después innumerables esfuerzos mentales, conseguía escribir: Un beso de tu (lo que fuera) y firmar, me sentía feliz pero tan agotada físicamente que parecía que saliera de librar la más brutal de las batallas... ¡Dios!, ¡qué suplicio!, prefería enfrentarme a una enorme fila de cuentas de cualquier tipo antes que enfrentarme a una carta o una redacción.
Pero ya veis lo que son las cosas; a medida que iba creciendo (en años, porque lo que es en otras cosas como que no crecí mucho), le fui encontrando el gustillo a eso de escribir, no sé, fue como si de pronto, un gusanillo se hubiera apoderado de mi mente y hubiera extendido sus hebras hasta mis dedos, el caso es que, sin saber muy bien ni como ni cuando, me empezó a gustar eso de escribir cartas, bueno, cartas y otras cosillas que, más adelante os iré contando.
Lo siento, tengo que dejaros, porque está sonando el horno y eso quiere decir que un sabroso bizcocho está ya a punto y, como comprenderéis..., un bizcocho es un bizcocho.
Un saludo.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Bienvenidos a mi Blog

Hola amigos, mi nombre es Julia y os doy la bienvenida a mi Blog.