viernes, 28 de diciembre de 2007

Con otro encanto

Cuando desperté, la helada nocturna había cubierto no sólo los coches como lo había hecho las últimas noches, si no que había cubierto árboles, calles y tejados.
Era un espectáculo muy bello, tan bello como fría era la mañana.
Mirando a través de los cristales recordé algo que en un día muy similar escribí hace tiempo:

Con manto blanco
mi ciudad amanece
con otro encanto.

Tal y como está bajando la niebla en estos momentos, lo más probable es que mañana, cuando despierte, las bajas temperaturas de la noche hayan cubierto a mi ciudad de nuevo con un manto helado.

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