jueves, 13 de diciembre de 2007

De mesas camilla, braseros y chimeneas.

Lo veo Paco, lo veo.
Voy a contarte, mejor dicho a contar a todos mis amigos un secreto, espero que siga siendo eso, un secreto.
Cuando abandoné aquel pequeño poblado "Ilusión", ¿recordáis?. No, seguramente no todos sepan o tengan conocimiento de que así llamé a aquel lugar, pero así fue, así lo bauticé en mi interior.
El caso es que al marcharme de allí, estuve un tiempo buscando un sitio donde levantar de nuevo ese pequeño refugio que yo esperaba haber encontrado en "Ilusión" y lo encontré aquí. Levanté paredes con enormes ventanales para que entrara la luz y al mismo tiempo para que se pudiera ver el paisaje y deleitarse como bien ha dicho Paco con el repiquetear de la lluvia en los cristales.
Allí estaba, pero estaba vacío. Me daba miedo abrir la puerta y volver a encontrar que sólo tenía frío y soledad, entonces me daba la vuelta y me decía... ¡Mañana!.
En una de estas idas y venidas me encontré por el camino un Buhonero.
No llevaba un carrito con baratijas, sólo llevaba un pequeño hatillo al hombro.
Me acompañó por el camino sin mediar palabra hasta el pequeño refugio y, al verme indecisa a entrar, empujó levemente la puerta.
Metió su mano en el hatillo y con una sonrisa sacó de él una pequeña mesa camilla, tan pequeña que sólo había espacio para una persona. Debajo de sus faldas, depositó un aún más pequeño brasero y mirando la pared de su derecha en un instante y entre dos de los ventanales colocó una chimenea que se encendió al momento.
No podía dar crédito a lo que veía y antes de que pudiera articular palabra, el buhonero me dijo mientras salía por la puerta guiñándome un ojo:
Nunca dudes de la Magia. La Magia existe y se encuentra en todo aquel que sabe y desea verla.
La camilla y el brasero que acabo de entregarte son así, mágicos y crecerán y crecerán a medida que tú lo necesites.
Para ello, sólo tienes que hacer una cosa: Nunca dejes apagar la llama de la chimenea, mientras ésta permanezca viva, la Magia no desaparecerá.
Todo fue un sueño, pero fue tan real que al despertarme, abrí de par en par la puerta y aticé la chimenea para que todo aquel que decidiera entrar, encontrase calor y pudiera sentirse a gusto en su mullido sillón viendo como la lluvia repiquetea en los cristales.
Gracias Paco, pero soy yo la que se siente muy feliz teniéndote a ti y a todos los amigos que me visitan.

5 comentarios:

paco tellez dijo...

Joooooooooo... no sé que decir

paco tellez dijo...

No sé si eres consciente del microcuento tan hermoso que has escrito, sí, el del buhonero que te da la mesa camilla, el brasero y la chimenea.
Ilusión se ha instalado en tu blog, da gusto sentarse en el sillón y sentir el calorcito del brasero... me gusta mirar el chisporroteo de las llamas en la chimenea, es como si bailaran, y, en ese baile hipnótico te indujeran a bailar con ellas... fuego de chimenea, aquelarre de almas que buscan cobijo, calor en el calor, luz en la luz... sigue lloviendo pero ahora miro el rescoldo de las brasas... voy a buscar más leña dentro del corazón

Julia dijo...

Paco, ¿sabes de lo que soy consciente?...
Soy consciente de que me gusta que te sientas cómodo.
De que me encanta tu comentario.
De que sé que cuento con ayuda y leña de corazón para mantener encendida la chimenea.
De que me siento bien sabiendo que un poquito de mí llega a los amigos y, por todo ello, por habérmelo sabido mostrar con palabras... Gracias.

charli dijo...

Estoy sentado a la mesa. Callado aún pero sentado ahí, con la mirada curiosa revoloteando alrededor y buscando el sitio donde posarse. A veces suben ascuas ardientes que iluminan algo que persiste dentro. Creo que está cerca el momento de participar en la conversación. Mientras tanto, permitidme permanecer callado pero, eso sí, al calor de nuestros lugares comunes.

Julia dijo...

Querido Charli.
Puedes permanecer sentado en tu sillón todo el tiempo que desees. Mirar curiosamente todo aquello que te llame la atención y permanecer callado todo el tiempo que necesites.
Tal vez sea el tiempo que tarden en iluminar ese algo del interior las ardientes ascuas, no importa cuanto sea, los amigos sabemos esperar.
Tu presencia nos hace compañía, esa compañía que sólo sabe dar la amistad. No hace falta hablar, hay veces que los silencios lo hacen por sí solos.
Cuando llegue el momento, tu momento, lo harás y lo harás como siempre lo has hecho, con el corazón en la mano.
Mientras tanto, puedes seguir escuchando la conversación y compartir ese calor que, poco a poco está consiguiendo que nuestro lugar común empiece a ser acogedor.