sábado, 15 de diciembre de 2007

"El hijo de la novia".

Como viene siendo habitual, la oferta televisiva no tenía un gran atractivo por lo que, de sobremesa, decidí que podía poner alguna película que me apeteciera ver.
Normalmente me cuesta decidirme, pero hoy nada más mirar las "pelis" apareció, sin buscarlo, un título que me atrajo: "El hijo de la novia".
Había oído hablar mucho de esa película y, a pesar de que hacía tiempo que la teníamos, nunca se me ocurrió verla, no sé, tal vez porque se presentaban mejores opciones o, ¡qué se yo porqué!.
Normalmente soy una persona que se ríe con facilidad en el cine y también me gusta asustarme con las películas de terror o intriga.
Lo que no es tan normal es que una película me emocione hasta el extremo de que, cuando ha terminado, me apetezca quedarme sentada, quieta, saboreando ese sentimiento que me ha producido el verla pero, lo que es aún más difícil, es que tenga que quitar alguna lagrimilla que se ha escapado sin querer.
Pues bien, eso es lo que me ha ocurrido hoy viendo "El hijo de la novia". No he podido evitarlo, bueno no he podido ni tampoco he querido.
Estoy segura de que era una de las pocas personas que al día de hoy todavía no la había visto.
También estoy segura de que algunos de vosotros pensaréis que soy una exagerada aunque otros, tal vez, estéis de acuerdo conmigo.
Hace un rato que ha terminado pero aún no ha desaparecido la ternura que me invadió al verla y... ¿Sabéis una cosa?: Me siento muy bien.

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