martes, 4 de diciembre de 2007

El nombre.

Hace un momento y mientras escribía mi nombre al final de un mail me ha dado por pensar lo importante que puede ser el nombre para una persona y, al revés, lo importante que puede ser una persona para un nombre.
Recuerdo que de pequeña mi madre me llevaba con ella a la compra diaria. Pues bien, la dueña de la carnicería donde mi madre solía ir, se llamaba Irene.
Era una señora de bastante edad, muy simpática y cariñosa conmigo ya que, según decían, yo era una niña encantadora...
¡Hay que ver lo que una pierde con los años!...
Pues sí, la señora Irene era una persona muy agradable, siempre con una sonrisa y casi siempre con ganas de broma, la verdad es que era muy difícil verla enfadada.
Irene es un nombre que me resulta bonito, llamativo. En un primer momento, al pronunciarlo, me suena a una persona tranquila, con buena presencia, inteligente, atractiva pero..., al instante pienso en un enorme y sabroso filete.
No puedo evitarlo, es entonces cuando instintivamente asocio Irene=carne=filete y es justo, en ese momento, cuando el nombre pierde todo su encanto.
¿Será por eso que me gusta escribir mi nombre?..., es posible. Tal vez, en el fondo quiera reivindicar el buen nombre de Julia.
Bueno, intento reivindicarlo porque, por fin y, después de un tiempo, he conseguido que me guste y..., digamos que lo escribo tan a menudo porque, de alguna manera, necesito quitarle el "mal agüero".

2 comentarios:

paco tellez dijo...

Menos mal que tenemos nombres bastante “aseados” querida amiga, me imagino llamándome Sisebuto, Eufemiano o Domitilio y entonces si que me “escondería” detrás de un alias, de un antifaz que anímicamente me identificara. Ahora lo que voy a decir parece una contradicción (o tal vez lo sea), yo no reniego de que me llamen Paco llamándome Francisco Javier (nombre que me gusta bastante), reconozco que es demasiado largo y que hay que tomar aire dos veces para terminarlo de pronunciar; no reniego del Paco porque creo que indica sencillez, claridad, trasparencia, ser uno más sin querer destacar... bueno no sé si todo esto lo tengo pero algo supongo que sí.
En cuanto a Irene ese nombre me hace sonreír, suspirar y recordar a una becaria que nos hizo volver a la juventud a tres cuarentones que tuvimos el atrevimiento de convertirnos en sus mosqueteros... para mí Irene es primavera, es riachuelo, es olor a hierba mojada.
Yo también reivindico tu nombre, la ele lo hace muy dulce, pronunciarlo es como deslizarse por la suave pendiente de una colina nevada. Julia es metáfora de blancura y por tanto es metáfora de paz y de Luna.
De mujer el nombre que más me gusta es Elena, tal vez porque desde los catorce años he estado platónica e irremisiblemente enamorado de la hermana de un compañero de colegio.
Y para terminar y como diría el poeta Levmor “no me nombréis en vano, la nada no tiene nombre, sentidme en vuestras venas y yo escucharé vuestro latido”

Julia dijo...

Es cierto mi querido amigo que existen nombres "poco aseados", como tú dices y, tal vez, los nuestros sean "políticamente correctos", aunque aún no sé lo que es políticamente correcto en cualquier dimensión de esta vida.
Ya ves, mi nombre, Julia, nunca fue "santo de mi devoción", posiblemente porque me hubiera gustado llamarme con otro nombre pero, esa es otra historia.
He conocido a varias Julias y, la última o la primera con la que me topé fue la que hizo que necesitase un "exorcismo" con respecto a mi nombre. Ahora, tal vez, lo tenga asumido y mi nombre hasta me resulta atractivo. Es por eso que siempre o, casi siempre, termino mis escritos con mi nombre.
¿Sabes?, me ha alegrado que el nombre de Irene te trasladara a épocas... ¿D'Artagnadescas?. Siempre es agradable volver a un pasado que nos fue grato.
Elena es un nombre bonito, bueno, cada uno de nosotros tenemos un nombre idílico. Al parecer el tuyo es Elena, el mío es Manuel y Diego.
Gracias, la verdad es que no sé muy bien cómo funciona esto, no sé si debo responderte aquí o debo hacerlo de alguna otra forma.
Bueno, la verdad es que tampoco me importa mucho. Me gusta hacer las cosas tal y como las siento, tal y como deseo hacerlas y eso, siempre ha sido todo un problema...
Para terminar y..., como diría el intento de poetisa Julia... "Llámame siempre que me necesites. Tengo un nombre, mi nombre o el nombre por el que tú me llames. Siénteme. Tus venas serán mis venas y yo escucharé tu latido dentro de mi latido, de vuestro latido.
¿Acaso importa un nombre...?