lunes, 17 de diciembre de 2007

El poder de unas palabras.

Esta mañana, al ir al trabajo, hacía un frío infernal. Más que el frío era ese vientecillo que daba la sensación de que te cortaba y que, además, tratara de colarse por cualquier resquicio que hubiera en tu ropa de abrigo.
Al llegar al semáforo, el reloj-termómetro de la esquina del parque indicaba la hora: 7H 50'. Inmediatamente cambió a la temperatura...: -7º.
Creo que todas las personas que esperábamos a que se pusiera verde nos embozamos aún más en nuestras prendas de abrigo cuando lo vimos.
Después de dos días y medio cerrada, la oficina estaba bastante fría a pesar de que la calefacción se había encendido una hora antes, pero aún así no podía con las bajas temperaturas de estos días y la sensación de confort era prácticamente nula.
Todos nos estábamos frotando las manos y quejándonos de lo fríos que teníamos los dedos pero algo hizo que para mí todo cambiara.
El leer en ese momento unos improvisados versos confortaron mi alma. La temperatura ambiente ya no tenía tanta importancia y ese gesto de frío cambió para dar paso a una sonrisa.
Y es que algunas veces, en un momento determinado, unas pocas palabras pueden significar mucho.

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