jueves, 20 de diciembre de 2007

Impulsos.

Toda mi vida me he recriminado ser tan impulsiva, no pararme a pensar y hablar o escribir así, por impulsos.
Saltar como un resorte y decir lo que pensaba al instante, ha sido siempre como una cruz de la que no era capaz de deshacerme.
En cambio, ahora que la experiencia (digo experiencia por no decir años), me ha templado un poco, (tampoco tanto como para tirar cohetes, porque... mi trabajo me cuesta) y en ocasiones, (no muchas por cierto), me paro a reflexionar antes de responder, voy y meto la pata mucho más que antes y, sin pretenderlo, tal vez haga daño a quienes por nada del mundo querría dañar y eso me entristece.
Así que digamos que, ahora, me encuentro un tanto desorientada porque, en definitiva, no sabría decidir con qué forma de actuar quedarme...
Todo un dilema.

2 comentarios:

paco tellez dijo...

Querida amiga
Creo que es importante reflexionar antes de emitir una opinión, aconsejar o reprochar algo a alguien, contestar a una pregunta enojosa o no, etc., etc.
Pero una cosa es la teoría y otra es la práctica y, aunque nos queramos escudar en nuestra sesuda experiencia, hay a veces en que el impulso o las visceras responden por nosotros... ¡qué le vamos a hacer! si hay que recoger velas se recogen y si hay que pedir perdón se pide.
Cuantas veces me digo que tengo que contar hasta mil antes de responder.
Reflexionar o dejarse llevar por los impulsos no es como deshojar la margarita, somos humanos, es decir, imperfectos y, por tanto, hemos de asumir que nos vamos a equivocar más de lo que nos gustaría.
Si cometemos un error debemos intentar enmedarlo lo antes posible, si las persona "herida" nos quiere, aceptará nuestra rectificación y aumentará su estima hacia nosotros porque sabemos admitir nuestros fallos.

Julia dijo...

Tienes razón amigo Paco, nuestra forma de actuar no es como deshojar una margarita, al menos eso espero haber dado a entender, si no ha sido así, es que no he sabido expresarme.
De todas formas hasta el momento, tengo la gran suerte de contar con el cariño y la amistad de las personas a las que me siento totalmente unida y que han sabido, la mayor parte de las veces, perdonar mis "meteduras de pata" tanto por defecto como por exceso cuando, al darme cuenta, he pedido perdón por ellas.
Gracias por ser un incondicional.