domingo, 9 de diciembre de 2007

Niebla.

Hacía frío, pero era algo que todos sabíamos que ocurriría. ¿Qué otra cosa se podía esperar en Diciembre?.
Lo mejor de todo fue que, además del tremendo frío Ella estaba ahí, la Niebla. Ese temible pero magnífico efecto meteorológico que en nuestra tierra en algunas ocasiones se convierte en algo distinto, algo que aquí se le denomina familiarmente como "niebla meona".
La niebla meona es un tanto incómoda pero produce efectos muy especiales si es que somos capaces de encontrarlos.
Por ejemplo. La primera noche, cuando llegamos, a pesar del frío se veía y se sentía la niebla. He dicho bien, se veía y se sentía, porque, al salir de casa, rodeada de pinos, la niebla convertía el paisaje en algo distinto, tal vez fantasmagórico pero, al encender las linternas para poder acceder a la leñera, la luz que desprendían era algo especial, magnífico.
Intentaré explicar esa pequeña maravilla. Si encendías la linterna e iluminabas al suelo para poder ver donde pisabas, todo era normal pero..., si levantabas la linterna del suelo e iluminabas al cielo, entonces sí era algo espectacular. La luz que se emitía era como una especie de camino hacia un lugar infinito. Un camino cubierto de diminutas pero fulgurantes gotas de agua que, a su luz, semejaban un misterioso sendero hacia otra esfera.
Cruzábamos una y otra vez nuestros haces de luz intentado provocar pequeños laberintos. Laberintos de ilusiones, de sueños. Laberintos que, para cada persona que se atreva a adentrarse en ellos, es un mundo distinto, su mundo o, tal vez, el mundo con el que sueña.
La Niebla, nuestra Niebla... Todo un mundo, todo un sueño.

1 comentario:

paco tellez dijo...

Querida Julia, tu escrito me ha inspirado estos versos

Entre la niebla, la luna se difumina a carboncillo
dando sombra a la sombra de la noche.
Es entonces cuando el rocío se transforma
en efímero diamante que troquela el aire,
Es entonces cuando el rocío se transforma
en luciérnaga ebria de luz que bebe los
hilos infinitos de las erráticas estrellas.
Entre la niebla la noche huele a mar,
se oyen las voces de los marineros
de un bajel fantasma que llora su desdicha
encallado entre arrecifes de recuerdos.

Entre la niebla, la luna se difumina a carboncillo
dando sombra a la sombra de los sueños.