sábado, 22 de diciembre de 2007

Noche.

Si vuelves noche
con proyecto de sueños,
no me abandones.
Julia.

3 comentarios:

paco tellez dijo...

Cuando vuelva la noche
me acurrucaré a su lado,
en cada una de sus sombras,
en cada una de sus horas y,
entre las ramas de los sueños,
me disfrazaré de otoño
y esperaré a que el viento
escuche mi plegaria.

Julia dijo...

Deseando que la escuche,
que me devuelva la calma,
me abrazaré a las sombras
que le dan cobijo al alma.
Arropada por los sueños
que se enredan en las ramas,
me olvidare de mi cuerpo
esperando la mañana.

charli dijo...

Tienes mi palabra de honor de que lo escribí esta misma mañana, antes de leer esta otra NOCHE tuya. No se parece en mucho pero. . . No sé, tal vez sí.
Con tu permiso:

NOCHE


Ayer, en el anochecer callado de un día gris, otra vez el recuerdo. En tu mirada antigua de amor sellado, de nuevo se reflejó la luz. En tu cadencia esquiva y en la voz, y en tus labios, apareció otra vez el invierno del pasado roto. El crujido triste de lo que nunca ha sido, cayó sobre el corazón que, enrojecido de sangre doliente, admitió la niebla del recuerdo que no existe.

Dije tu nombre a la noche y lloré la noche en tu nombre, y en la estrella marchita del tiempo que nunca pasó, deposité el deseo. Seco deseo el que no se ha sentido y más seco aún el corazón que no desea desear. Hueca pretensión ausente de quien pretende no ser, y triste final del camino no iniciado.

Pasa la noche del tiempo y, una vez más, se ausenta el Limbo para dejar paso a la nada, y de ella, desde la propia nada, surgen gotas de la pasión que nunca ardió. Gotas secas de tiempo no nacido y ausencia, toda la ausencia de lo oscuro, toda la oscuridad del silencio entero. Ideas incoherentes de presencias falsas, sentidos despiertos al abismo negro y tus ojos, tus tristísimos ojos que, ahora con urgencia, llaman a la puerta de un infinito no comenzado.

Triste noche, querida mía. Triste noche de realidad presente que enreda en su firmamento de luces coloreadas y músicas de suave estridencia, el pasado nonato. Triste noche de realidad obtusa que nos rompe el alma, dejando una estela de vacío incierto.

Frío y ronco el silencio estrepitoso del fin.