miércoles, 19 de diciembre de 2007

Otro día.

Querida Julia.
Ha sonado el despertador y como cada mañana he sentido esas terribles ganas de arrancarlo de encima de la mesilla y estampanarlo contra la pared pero también, como cada mañana, me he aguantado las ganas porque la economía no está como para comprarse un despertador cada día.
He dado con un beso los buenos días a mis hijos. Al hacerlo y recibir a la vez el suyo, he pensado que, aunque sólo fuera por eso, merece la pena levantarse.
Después de la rutina que hacemos nada más levantarnos, me enfrento al reto de mirarme de verdad en el espejo.
He dicho mirarme de verdad porque el primer reojo no cuentan, ya que una está lo suficientemente adormilada como para no enterarse si ha amanecido blanca, verde o azul, pero cuando llega el momento de la verdad, ese momento cuando ya estás bien despejada... Uyyyyyy, vale más estar prevenida.
Pues nada, hoy me he visto con bastante buena pinta, hasta guapa diría yo (ya sabes que no tengo abuelas), pero bueno, algún que otro retoquito como que no vendría del todo mal.
¡Exacto!, después de esos retoques la cosa cambia, una ya está preparada para salir a la calle y enfrentarse a un nuevo día.
Buffffff, he dicho un nuevo día como si todo fuese nuevo y, muchas veces lo único que cambia es una fecha en un calendario, como decía un poema que se me viene a la mente en este instante...

Un día más.

Muy quieta, con la mirada perdida,
lánguida, triste, fría,
con esa quietud que impresiona
con ese silencio que duele,
la espalda encorvada,
las manos sobre el regazo
la boca sólo una línea,
los dientes apretados
soportando todo el peso
del pasado,
intentando doblegar el presente
intentando olvidar que vendrá
un futuro,
¿pensando?, tal vez pensando.
Por eso pesan los recuerdos
por eso los hombros cansados
por eso la perdida mirada
por eso los ojos apagados
por eso la sonrisa triste
por eso sentada, esperando
que suene la última campanada
que comience un nuevo año
sintiendo que a fin de cuentas
un día sólo ha pasado
solo cambia la última cifra
en un colgado calendario
y que su vida será como ayer,
ayer, ¿el año pasado?,
que irónico el ultimo día
que triste el primero del año.

¿Recuerdas?, claro, cómo no vas a recordarlo si es nuestro.
Cuanta tristeza pero cuanto amor hay en él para esa persona que queremos tanto.
Bueno amiga mía, tengo que dejarte por hoy, ya sabes, a estas horas no queda otra que ponerse en marcha porque aún quedan muchas cosas pendientes.
No sé si despedirme con un beso porque eso de besarse una misma, como que resulta un tanto complicado.

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