miércoles, 23 de enero de 2008

Cómplices

Anoche fue Luna Llena. Sí, ya sé que eso no es algo espectacular pues ocurre todos los meses, y en ocasiones, como sucedió el año pasado, un mes hubo dos veces esa fase lunar.
Lo que ocurre es que para mí la Luna es mágica y la Luna Llena además de tener una magia especial, me atrae, me seduce, me envuelve, es como si ella y yo nos fundiéramos cuando entra en esa fase.
Es posible que leer esto pueda resultar gracioso, incluso cómico para aquellas personas a las que la Luna les parece que es algo que está ahí en el cielo todas las noches y que no tiene ningún atractivo especial.
Pero anoche... estaba preciosa, magnífica, luminosa. Mirarla era todo un placer.
Ese brillo especial que sólo ella posee provocaba a la vez un estado de calma y excitación invitando a mantener esa muda conversación que únicamente se mantiene entre quienes se reconocen cómplices.
Más tarde, cuando la niebla que últimamente está inundando la ciudad empezó a bajar y la envolvió con su manto transparente, su magia no desapareció. Al contrario, se hizo más intensa ya que mi Luna parecía una hermosa novia cubierta con su velo.
Detrás de él su imagen se difuminó al igual que su luz que se convirtió en una aureola luminosa que aumentaba su misterio y su atractivo.
En noches como la de ayer puedo pasarme horas contemplando a mi cómplice y amiga. Conversando con ella. Compartiendo confidencias, secretos y todas esas pequeñas cosas que han sucedido durante sus otras fases hasta que nos encontremos de nuevo.

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