jueves, 3 de enero de 2008

Indeformables

Amiga mía, te comprendo perfectamente.
Cuando nos cuelgan el letrero de "Madres", nadie nos advierte que, al mismo tiempo de colgarnos ese letrero, también hemos pasado, sin saberlo, por el "departamento de reestructuración" donde nos han introducido en una máquina especial para "Padres en general" que convierte parte de nuestro interior en un espacio casi indeformable.
Una espacio muy especial que crece a medida que pasa el tiempo. Que está hecho con un material a prueba de golpes, accidentes, temporales, derrotas y malos modos en general.
Sé como te sientes al igual que sé que nuestros espacios, a pesar de que se ha procurado que sean indeformables, sufren deterioros, pequeñas grietas que tratamos de ocultar reparándolas una veces con silencio, otras con lágrimas y, la mayoría de las veces con cariño.
Eso ocurre porque dentro de cada uno de ellos se encuentra un corazón, cuyo material no es en absoluto indeformable. Ese corazón sigue siendo sensible antes las alegrías y los sufrimientos.
Pero ambas sabemos que nuestros espacios guardan muchos buenos momentos. Momentos de lluvia de estrellas, de Arco Iris después de las tormentas, de flores, de tiernos besos, de alegres sonrisas, de gestos de amor muy dulces y de tantas y tantas cosas que hacen que vuelvan a estar como nuevos después de un buen chaparrón.
Sé amiga mía que hoy el deterioro de tu espacio ha calado muy hondo, tan profundo que ha rozado de forma dolorosa tu corazón.
Pero aún te quedan muchas dulces palabras, muchas caricias, muchos mimos por acoplar dentro de él que harán que ese espacio, tu espacio, vuelva a lucir brillante, encalado, como si estuviera a punto de estrenarse.
Siempre sucede así y las dos sabemos que así sucederá mientras nos quede un solo instante.
Un beso amiga y hasta siempre.

Julia.

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