domingo, 27 de enero de 2008

Merceditas

No sé muy bien porqué hoy he recordado a Merceditas.
Merceditas era una compañera de colegio que poco a poco se convirtió en una gran amiga. La pena fue que esa amistad durara tan poco.
Cuando pasamos de curso, entonces tendría yo ocho ó nueve años, en el colegio nos encontramos con que había una niña nueva. Bueno, nueva para nosotros porque ella repetía ese curso.
Era una niña que faltaba muchas veces a clase porque se ponía enferma con frecuencia, por eso era que repetía curso.
Para nosotros, “la nueva”, era una niña muy rara. Se cansaba enseguida. En el recreo siempre estaba sentada, no jugaba a nada y en alguna ocasión en que nos acercábamos a ella para invitarla a saltar a la comba, a jugar a la tanga o al escondite, se ponía triste y nos decía que no podía porque se cansaría mucho y se pondría enferma de nuevo.
Enseguida se acercaba una de las “señoritas” y se la llevaba dentro a leer cuentos.
Al poco de iniciado el curso Merceditas se puso enferma y estuvo mucho tiempo sin ir a clase. Cuando volvió parecía que estaba más animada.
Un día mi madre coincidió con la suya comprando en una tienda y le preguntó por la salud de Merceditas.
Así fue como mi madre se enteró de lo que le ocurría a mi compañera de colegio: Tenía leucemia.
Mi madre se asustó mucho ya que en aquel entonces lo único que se conocía de esa enfermedad era que nadie la superaba. Era una enfermedad mortal.
A pesar de que la madre de Merceditas le dijo a la mía que esa enfermedad no era contagiosa porque de haberlo sido no hubiera permitido que su hija fuera el colegio ni que la visitaran sus primos. Mi madre lo comentó en casa y claro, todos quisieron asegurarse de que eso fuera cierto.
Una vez informada mi familia, su preocupación desapareció y fue entonces cuando me explicaron lo que tenía Merceditas y porqué no teníamos que hacerla jugar a cosas que pudieran cansarla pero me advirtieron que no dijera nada a nadie porque si su familia no lo decía, nosotros tampoco teníamos que divulgarlo.
De nuevo Merceditas se puso muy enferma pero esta vez ya no volvería al colegio. La directora vino a la clase a explicarnos que estaba muy enferma pero que su enfermedad no significaba ninguna amenaza para las personas que la rodeaban por lo que nos pedía que fuéramos a visitarla alguna vez para jugar con ella.
Supongo que, al final, el resto de los padres se enteraron de cual era la enfermedad de Merceditas y nadie fue nunca a visitarla.
Recuerdo que mi madre, un jueves por la tarde (los jueves no teníamos clase por la tarde), me llevó a su casa para que jugáramos juntas.
Merceditas se puso muy contenta y mi madre me dijo que más tarde volvería a buscarme para volver a casa.
Jugamos en su habitación y yo me quedé asombrada de la cantidad de juguetes que tenía. Pensé: ¡Qué suerte tiene Merceditas de estar enferma!, jolín cuantos juguetes la compran. Lo que es la ignorancia o inocencia infantil.
A partir de ese momento iba bastante a su casa y cuando Merceditas se encontraba mejor venía a la mía a jugar.
En ambas casas jugábamos a comiditas o con las “mariquitas”, esas muñecas de papel a las que se las ponían vestidos también de papel, recortables creo que se llamaron después, aunque creo que actualmente ya ni existen o si existen son como recuerdos del ayer.
El caso es que cada una de nosotras teníamos nuestra muñequita de papel y nos lo pasábamos en grande representando que íbamos juntas a clase, que corríamos, saltábamos y jugábamos a todas esas cosas a las que “la Merceditas de verdad” no podía jugar.
Aunque yo tenía muchas amigas en el colegio, en el barrio y jugaba mucho con ellas en la calle, Merceditas era para mí una amiga distinta.
Un día se puso peor y dejó de venir a mi casa y yo de ir a la suya.
Durante las vacaciones de verano una mañana mis padres me dijeron que Merceditas se había marchado para siempre y que ellos iban a despedirla. No entendí porqué yo no podía ir con ellos, a fin de cuentas Merceditas era amiga mía, no suya.
Tampoco entendía que dijeran que se había ido para siempre. Yo pensaba que al menos en vacaciones vendría alguna vez.
Al cabo de unos días mi madre decidió decirme lo que había ocurrido. Merceditas se había ido al cielo, con los angelitos. Había sido una niña tan buena mientras estuvo enferma que los angelitos habían decidido que fuera uno de ellos.
La verdad es que no entendí porqué los angelitos necesitaban a Merceditas para jugar si era mi amiga y yo sí la necesitaba.
Antes de empezar de nuevo el curso, la madre de Merceditas vino a casa con un paquete enorme.
Me lo dio y me dijo que eran los juguetes con los que Merceditas y yo habíamos jugado tantas veces y que a ella le gustaría que yo los tuviera.
Era aquel juego de platos, tazas, cucharitas y demás de plástico color rosa transparente y otro juego de copas de color verde.
También había unos cuentos desplegables y las “mariquitas” con las que jugábamos en su casa.
Esos juguetes están guardados en el trastero, algunos se fueron rompiendo pero aún así conservo el resto.
No recuerdo la cara de Merceditas, ni tampoco recuerdo si era gorda o delgada aunque me imagino que debido a su enfermedad sería una niña delgada. Lo que si recuerdo, es lo bien que lo pasábamos y la cantidad de veces que me dijo que yo era su mejor amiga.
A pesar del tiempo que ha pasado creo que Merceditas sigue estando en mi recuerdo como esa pequeña gran amiga tan diferente a las demás.

2 comentarios:

charli dijo...

A veces dan ganas de creer en Ángeles, cielos y demás cosas maravillosas y los cuentos debieran ser verdad, al menos alguna vez. Una triste historia y una tragedia silenciosa de las muchas que pasan desapercibidas a casi todo el mundo. Lamentablemente un niño es importante cuando se hace mayor; si se va siendo niño, sólo deja huellas muy dispersas y leves, como su propio peso en la historia del universo.
No sé si Merceditas tuvo suerte al conocerte pero sí estoy seguro de que tú tuviste mucha suerte al conocerla a ella.
Aunque triste, casi prefiero que la historia sea real, sería injusto que Merceditas fuese sólo un personaje de ficción.
Tal vez resulte evidente lo que me ha gustado conocer a tu amiga.

Julia dijo...

Sí amigo mío, tienes toda la razón resulta bastante evidente que te ha gustado conocer a mi amiga, porque para mí, Merceditas, fue una amiga estupenda.
No creo que a ella le diera tiempo de pensar si tuvo suerte de conocerme o no, tampoco creo que ni siquiera se lo plantease.
Pero tienes razón, yo si tuve la gran suerte de haber compartido esa amistad aunque fuera por tan corto período de tiempo.
Estoy segura que en aquel entonces no me di cuenta de ello a pesar de que Merceditas nunca se fuera del todo, siempre volvía a mi recuerdo aunque cada vez más de tarde en tarde y fue al paso del tiempo cuando me di cuenta de lo que esa amistad me enseñó.
Muchos años después de Merceditas esa terrible enfermedad me volvió a enseñar su crueldad y creo que fue entonces cuando comprendí todo el valor y el coraje de mi pequeña amiga.
Gracias amigo Charli, me ha resultado muy tierno que te haya gustado conocer a Merceditas.