sábado, 19 de enero de 2008

Érase una vez

Érase una vez un alma que se sentía triste.
Había perdido algo importante, lo buscaba, sí, lo buscaba, miraba en todos los rincones, entre el recuerdo de aquél querido juguete viejo que tiraron; entre los pedazos de aquella carta que se rompió para no enviarla en un momento de debilidad; entre aquella canción que, en el estante de la derecha espera a ser cantada de nuevo, aunque después de tantos años, había perdido alguna de sus estrofas.
Buscaba, buscaba desesperadamente y sólo fue capaz de encontrar el material físico, el otro, el otro material era lo que había perdido. ¡No puede ser!, se dijo. ¡Tengo que encontrarlo!, ¡necesito encontrarlo!.
Abrió cuidadosamente una de las puertas del Gran Armario donde se guardan los instantes de todos los años. Lo hizo con sumo cuidado, porque no quería que ninguno se moviera de su sitio, el recolocar aquel armario fue una ardua tarea de otros tiempos; fue un trabajo duro y penoso y no deseaba tener que hacerlo de nuevo.
Mirando prácticamente por tan solo una pequeña rendija, se dio cuenta de que dentro del ordenado desorden, no sobraba nada, cada instante estaba desordenado en su lugar correspondiente, por lo que lo que buscaba tampoco se encontraba allí.
Cerró de nuevo con cuidado, procurando no dar ni el más mínimo golpe para que nada se moviera de su sitio,
Recordó entonces la estantería de la izquierda. ¡Cómo no se le había ocurrido antes!. ¡Cómo podía haberse olvidado que lo tenía colocado allí, en una pequeña caja de cristal, para que siempre tuviera luz!. Ese era su lugar, exactamente ese, en la estantería de la izquierda.
Volaron sus pies para llegar cuanto antes. Allí debería estar lo que tanto buscaba, sí, sí. Pero no era así, no estaba allí, en su lugar sólo estaba el vacío lleno de polvo.
¿Cuándo la sacó por última vez?.
¿Dónde la dejó olvidada?.
¿Tal vez la arrojó junto con aquella caja de malos recuerdos que impedía que la luz llegara al tiesto de las margaritas?.
No, eso no podía ser, esa caja era muy importante, nunca se tiraría por descuido.
¿O tal vez se marchitaron en el instante que se dieron cuenta de que para nada servían ya y por eso la cajita desapareció?.
Cansada para seguir buscando inútilmente, abrió de par en par la ventana dejando que entrara la oscuridad en la oscura habitación y se dijo... ¡Tal vez mañana!, mientras se acurrucaba para intentar dormir acompasada por los latidos de su también triste compañero Corazón.
Él, había perdido, entre otras cosas, lo mismo que perdió ella, pero él ya no buscaba, se había resignado a no volver a encontrarlo, por eso hace tiempo que él abandonó su búsqueda. Ahora su trabajo consiste únicamente en intentar mantener el ritmo.
Sí, se había resignado a que nunca más volvería a tenerlo y sabía también que por ello, nunca más podría volver a abrirse como lo hizo en otros tiempos.
Pero al menos él, Él, había conocido una de las muchas Caras de la Felicidad junto a ellas, sus queridas amigas, sus amigas perdidas, esas que ahora le han abandonado, ellas, Las Palabras.

(Abrecartas 23 de Marzo de 2006).

4 comentarios:

paco tellez dijo...

Querida Julia, hacía unos dias que no me sentaba en la mesa camilla a contemplar la lluvia ni a oir el chisporroteo del fuego en la chimenea. Has insertado dos escritos densos, ambos me han gustado aunque uno es más claro que el otro, me refiero al del árbol. El otro podría tener varias interpretaciones, pero hoy simplemente me quedo con una frase preciosa "cada instante estaba desordenado en su lugar correspondiente"

Julia dijo...

Querido amigo Paco.
No te preocupes, no siempre uno puede sentarse alrededor de nuestra camilla. Por suerte, en la vida, hay muchas más cosas que hacer pero me agrada saber que los amigos sentís que vuestro lugar en ella está disponible en cualquier momento.
Tienes razón, los últimos escritos han sido más densos, un poco más trabajosos de leer y por ello, por haberte detenido a leerlos lo agradezco mucho más.
Coincido contigo, a mi también me encanta esa frase y, digo que me encanta porque creo que dice exactamente lo que siento dentro de mí.
Hoy la noche está fría por lo que he añadido unos cuantos leños extras en la chimenea.

charli dijo...

¡Qué difícil de leer y aún más de entender! Sin embargo, qué fácil de sentir.
Todo el desorden está donde debe estar: en su sitio justo; todas las palabras están donde deben estar: en el momento justo; todos los sentimientos están donde deben estar: en una cajita de cristal para que entre la luz. Algunos días también su contenido parece transparente pero yo creo que, si nos fijamos con atención, nos damos cuenta que no es cierto, que siempre está llena de pasados y presentes, incluso de futuros, si se rebusca debidamente.
Lo dicho. . . ¡Qué fácil de sentir!

Julia dijo...

¡Qué difícil de leer y aún más de entender! Sin embargo, qué fácil de sentir...

Gracias amigo Charli. No podías haber escrito nada mejor como comentario.