domingo, 24 de febrero de 2008

La vuelta

Volvió a recorrer el polvoriento camino que le transportaba a un tiempo perdido.
Conocía cada piedra, cada árbol, cada brizna de hierba.
Podía dibujar con los ojos cerrados la forma de cada nube de cada soplo de viento, de cada rayo de sol y de cada sombra.
Nada ha cambiado, se dijo, todo permanece estático como si el tiempo se hubiera detenido.
Pero no era así, algo había cambiado. Desde su partida dos nuevos cuadros adornaban el viejo caserón.
Se sentó en el suelo frente a ellos. Los miraba, los leía, desgranaba cada imagen, analizaba cada tono, cada pincelada, cada detalle.
Los contempló hasta que quedaron impresos en su mente como lo estaban el resto de los cuadros que colgaban de las olvidadas paredes.
Aunque los conocía de memoria, echó un vistazo rápido a los ajados lienzos y emprendió el camino de regreso.

2 comentarios:

Rayco dijo...

Eso siempre pasa cuando vives o vuelves a una situación pasada, muchas cosas están en su sitio pero algunos detalles están muy cambiados.

Julia dijo...

Sí, puede suceder. Pero también puede suceder que todo esté en su sitio y sea uno mismo el que esté desubicado.
Otras veces nos engañamos tratando de recrear un imposible.
Ya se sabe, el ser humano es todo un misterio...