domingo, 9 de marzo de 2008

Desabrochándose

Se encontraba en esa etapa en la que le cuesta dormir. Tarda en conseguirlo, da vueltas y más vueltas antes de poder conciliar el sueño.
Cuando por fin lo logra éste es tan ligero que el más mínimo movimiento, ruido o sensación extraña hace que se despierte y se desvele.
Eso fue lo que sucedió anoche. Se despertó sobre las cuatro de la madrugada y era incapaz de volverse a dormir.
Se levantó porque quedarse en la cama suponía empezar de nuevo a dar vueltas y eso le pone muy nerviosa.
No le apetecía ver una película ni retomar la lectura del libro que estaba leyendo, ni ponerse los cascos y escuchar música ni quedarse sentada mirando a la nada.
Realmente lo único que deseaba era poder volver a dormir y así intentar que el torbellino que se había instalado en su cabeza descansase y dejara de atormentarle.
Pero eso no era tan fácil de conseguir y ahí estaba la lucha: Su cuerpo necesitando descanso y su mente empeñada en todo lo contrario.
No lo deseaba pero al final abrió este pequeño gran monstruo capaz de devorar y al mismo tiempo de salvar momentos.
No sentía ganas de escribir, sentía ganas de leer. Un deseo tal vez ególatra de volver a leer lo que había escrito últimamente, aquí..., allá...
Sin saber muy bien porqué se sentía atraída como por un imán. Ese imán que incita a leer ese algo que sabe le va a sacudir.
Y allí se vio, en esos últimos escritos, en esos últimos comentarios a otros escritos.
Sí, se vio. Se vio como alguien que en cada palabra desabrochara un botón de la piel hasta conseguir que su yo quedara descarnado convirtiéndose en su otro yo.
En un yo distinto, egoísta, desesperanzado. En un yo sin un atisbo de caridad ni de fe. En un yo al que no reconocía.
En ese yo en el que no deseaba convertirse pero que cada vez que intentaba abotonar uno de esos botones que se desabrocha recibe una sacudida, como si fuera su cuerpo el que enviara las órdenes a su mente tratando de protegerse y gritara... ¡Basta ya!. ¿Porqué no?... Al final tú... ¿Quién eres?.
Volvió a la cama hecha jirones.
Jirones que no tienen un posible remiendo.
Jirones que duelen porque el cuerpo en carne viva... duele.
El cansancio, el agotamiento consiguieron vencer al insomnio.
Al despertar, su cuerpo se había recuperado pero su mente, esa, seguía perdida dentro de su particular torbellino.
¿Hasta cuando?...

4 comentarios:

Rayco dijo...

Dura pugna!

Julia dijo...

Rayco, gracias por pasar y dejar tu comentario.
Saludos.

charli dijo...

En ocasiones todos dejamos salir ese otro yo, ególatra y despiadado y, sobre todo, ausente de caridad. No es extraño y creo que es lícito puesto que también es generalizado y recíproco a veces. Un comentario adusto, incluso cruel, sólo debe ser tenido en cuenta si la persona que lo escupe es una persona adusta y cruel. Si quien lo hace eres tú, sólo debe pensarse que fue un momento que no pudiste dominar. Estamos seguros de que a ambos lados de la abotonadura está nuestra querida Julia.
Un beso

Julia dijo...

Gracias por estar seguro que, como has dicho, Julia siga estando a ambos lados de la abotonadura. Por desgracia yo no lo estoy tanto.
De lo que sí estoy muy segura y me gustaría que vosotros también lo estuvierais es que Julia sigue estando y estará siempre ahí para los amigos, aunque algunas veces escupa comentarios adustos y crueles.
Un beso querido amigo.