miércoles, 5 de marzo de 2008

Mil y un Mundos...

Nunca menosprecies lo que otro vea, huela, escuche, guste o sienta .
Un paisaje tiene mil formas, tantas como ojos lo contemplen.
Una flor tantos aromas como personas la huelan.
Una música tantas interpretaciones como oídos la escuchen.
Una fruta puede ser dulce o amarga según el paladar que la disfrute.
Unos dedos pueden sentir de diferente forma a otros el roce de la misma piel.
Pero no debemos olvidar que una misma palabra, un mismo silencio, puede hacer mucho bien, mucho daño o dejar indiferente...
Porque cada persona tiene su sensibilidad, su corazón, su alma y existen palabras o silencios, que no todas las personas comprenden, sienten o asimilan de la misma forma.
Todo es tan simple como que dentro de éste, nuestro mundo, cada persona es, a su vez, todo un mundo...

4 comentarios:

Rayco dijo...

Tan simple como relativo, difícil acertar ;-)

Julia dijo...

Es cierto, resulta ser a la vez tan sencillo como complejo. Una de esas contradicciones que no lo son.

Gracias.

charli dijo...

Antoine Artaud y su Vuelta al Día en Ochenta Mundos pero te advierto: Artaud estaba loco o, al menos, eso siguen diciendo.
En cualquier caso, y por suerte, no me cabe la menor duda de que cada uno somos un mundo diferente a otro ¿por qué, si no, nos llama tanto la atención encontrarnos con gente más o menos afín? Y eso que sólo nos parecemos en cuatro pequeñas cosas. Seguramente nuestros mundos individuales serán más distintos aún de lo que somos capaces de percibir.

Julia dijo...

Eso se decía y bueno tal vez se siga diciendo de Artaud pero... ¿Quién no está un poco loco? yo, al menos, estoy lo suficiente como para sentirme cómoda.
De todas formas y bueno, tal vez me equivoque, creo que “La vuelta al día en ochenta Mundos” es de Cortazar.
Es cierto, cada ser humano es un mundo pero esas cuatro pequeñas cosas que nos unen de diferente forma a otros seres humanos tal vez consigan que nos mantengamos en una realidad tolerante dentro de esa individualidad compartida.