domingo, 16 de marzo de 2008

Una noche de sábado

Para ser noche de sábado la calle está muy silenciosa.
El cielo permanece oscuro mientras que las estrellas asoman tímidas.
Las nubes arañadas por el viento se disgregan y la Luna comienza a mostrarnos lo que será su cara brillante.
Ese viento apacible mueve las hojas del árbol que está frente a la ventana y una música suave envuelve la habitación.
Hasta hace unos instantes la melodía acompañaba la lectura pero de pronto algo rompe esa magia para provocar otra magia diferente: La de meterse dentro de la letra de una canción.
La canción de Víctor Manuel: “Quiero abrazarte tanto”

Siento tu mano fría
correr despacio sobre mi piel,
y tu pecho en mi pecho y tu desnudez.
y olvido reproches que imaginé.
Vente conmigo al huerto
que están las rosas
queriendo ver la promesa
que has roto para volver
y así creer lo que les conté.
Dije que te quería
como a nada en el mundo.
que seguía tus pasos,
tu caminar, como un lobo en celo
desde mi hogar
con la puerta abierta de par en par,
de par en par.
Que tenía en penumbra
nuestro rincón
en aquel salón con dos cubiertos
y tu canción
con tus flores en el jarrón.
...
...

Termina la canción pero la magia continúa...
Mañana retomaré la lectura.

2 comentarios:

Rayco dijo...

Me gustó la frase de las nubes arañadas por el viento, a ver si nos cuentas la segunda parte.

Julia dijo...

Cuando has mirado las nubes y las has visto así, disgregadas... ¿No te dio la impresión de que las arañó el viento?.
Y bueno, no hay segunda parte que contar, a no ser que cuente como va el libro que estoy leyendo...