jueves, 3 de abril de 2008

De madrugada

Las cuatro de la madrugada es una buena hora para tener una conversación con una misma, aunque el motivo de tenerla a esa hora haya sido un intenso dolor.
No importa la razón, lo importante es estar sentada contigo y al mismo tiempo frente a ti.
De pronto y entre un montón de movimientos extraños para poder acoplarte y que no te duela, sientes el silencio de la madrugada.
Bueno, no sé si es exactamente el silencio de la madrugada o son esos pequeños sonidos que no estás acostumbrada a escuchar porque, a esas horas, duermes plácidamente.
Pero estás ahí, mirándote de frente y al mismo tiempo observándote por dentro.
Sólo iluminan la habitación las farolas de la calle y de pronto descubres el sonido rítmico del reloj. No, de los relojes que, no siendo capaces de acompasarse, conforman un extraño y nuevo ritmo que te acompaña en tu íntima contemplación.
Has encontrado ese acople que hace que te sientas relajada y en cierto sentido cómoda y es entonces cuando comienza una íntima conversación contigo misma.
No te sorprendes porque no descubres nada nuevo sobre ti pero sí te das cuenta de la infinidad de pequeños detalles que se ocultan a la luz del día.
Pequeños grandes detalles que intentan pasar desapercibidos en la rutina diaria pero que quedan ahí, escondidos, haciendo ese pequeño trabajo de socavar el ánimo en lo recóndito.
A medida que pasan los minutos, las horas, descubres nuevos agujeros en ti, agujeros que dejan al descubierto esos nuevos tú que no siempre te gustan pero con los que sabes debes convivir.
Te adormeces y de nuevo una aguda punzada te despierta haciéndote saber que ha llegado la hora de una nueva pastilla y, al mismo tiempo, de volver a la cama aunque ya amaneció.
De nuevo la madrugada ha dejado al descubierto otra parte de mi yo.
Tal vez por eso... Adoro la noche.

2 comentarios:

Rayco dijo...

A mí también me pasa, cuando me ha dolido y cuando me desvelo sin razón o porque estoy preocupado, pero el reloj de mi casa es uno de esos muy antiguos que anuncian las y media y las en punto y me pone nervioso, pero nervioso el jodido.

Julia dijo...

Jajajaja Rayco. Vaya, ya siento que te ponga nervioso el reloj antiguo de tu casa pero, a pesar de todo, debes reconocer que esos relojes son una preciosidad.
En cuanto a lo de no poder encontrar acople para dormir, supongo que en unos días se me pasará y de nuevo estaré “como una rosa”.
Gracias por pasar.