sábado, 26 de abril de 2008

De poca paciencia

Aunque en ocasiones soy capaz de sorprenderme a mi misma, creo que soy una persona que se conoce bastante.
Por eso mismo sé que no soy una persona que brille por tener demasiada paciencia, es más, esta mañana me lo han corroborado cuando lo he preguntado así, como que no quiere la cosa.
¿Que por qué lo he preguntado?..., pues realmente no lo sé muy bien, tal vez porque durante estas dos últimas semanas he tenido que hacer acopio de mi paciencia y echar mano de toda ella en aproximadamente tres horas al día.
Sí, durante nueve días que, multiplicados por esas tres horas dan un total de veintisiete horas, he explicado lo mismo y ese “lo mismo” es algo tan simple que se podría aprender en una sola mañana.
Podría pensarse que como enseñante soy un desastre y no sé, visto lo visto me lo voy a terminar creyendo pero... El explicarle las cosas una y otra vez a una persona que pone en ello el mismo interés que una lombriz, que a veces pienso que también tiene el cerebro de una lombriz y que, para rematar la faena es de las que cuando se lo han cargado todo te miran con cara de “vaya, he metido la pata otra vez” y como explicación te dice:
-Lo siento, pero es que no leo lo que pone en los recuadritos y doy a sí o no según me parece-.
Vas y no te cabreas si no que repites, de coña, porque son ya tropecientas veces que lo dices:
-¡Por favor!..., de las narices para arriba la vista es la que trabaja y esa, ahora, mientras estamos haciendo esto es la que se tiene que utilizar y leer y no cargarse las cosas sin mirar.
Lo que no dices y por supuesto para no hacerlo casi te tienes que morder la lengua es que encima de la vista está el cerebro, pero ése se nota que se lo deja todos los días en casa, metido en un tarro con formol para que no se estropee.
Pero no subes la voz, ni te cabreas, ni tiras la toalla, sino que dices: Bueno, pues nada, empezamos: abre el programa de nuevo.
Después de estas “tan relajantes horas”, empiezas con tu trabajo habitual que, por supuesto y para mayor alegría, se amontona, se amontona y se amontona.
Sí, soy una persona con poca paciencia porque luego, es posible que ese “desgaste matutino de la misma” repercuta en que salte porque una mosca vuele más rápido que otra.
Menos mal que, con un poco de suerte, sólo me quedan cuatro días de repetir lo mismo.

2 comentarios:

Rayco dijo...

Pues menos mal que la vida no te llevó por ser maestra jajaja.

Julia dijo...

Pues mira tienes razón.
De siempre supe que esa no era mi “vocación”. No es que tuviera muy claro cual sería pero desde luego esa... No.