lunes, 7 de abril de 2008

De rescoldos de chimenea

Casi había olvidado el sentarme a disfrutar de la paz del refugio. Abrí la puerta y lo primero que miré fue la chimenea.
Estaba prácticamente apagándose, sólo unos cuantos rescoldos permanecían encendidos. Me dirigí al lugar donde había amontonado piñas secas y troncos de leña para atizarla y que de nuevo sus juguetonas llamas iluminaran la estancia.
No había nada, el lugar se encontraba vacío, sólo quedaban unos pequeños trozos de corteza que se desprenden de la leña.
Había olvidado rellenar la pequeña leñera la última vez que vine y ahora dentro de la casa no había nada para alimentar el fuego.
Hacía frío y una sensación de vacío se apoderó de mí.
La mesa camilla había empequeñecido y en el diminuto brasero sólo quedaban cenizas.
Algunos de los cuadros que adornaban las paredes se iban difuminando y parte de los muebles estaban encogiéndose hasta casi desaparecer.
Abrí la puerta de golpe y salí en busca de leña. No importaba que sólo fueran unos pequeños palitos, el caso era que esos rescoldos volvieran a crear de nuevo unas esperanzadoras llamitas y que estas a su vez crecieran y crecieran hasta volver de nuevo acogedora la estancia.
Mientras me alejaba buscando esas deseadas ramitas creí escuchar el tintineo de los cascabeles del hatillo del Buhonero.
¡No!, grité en mi interior... ¡No!. ¡No puede llevarse la Magia!, me decía una y otra vez mientras corría en dirección a la casa intentando a la vez recoger por el camino todo aquello que pudiera arder en la chimenea para que ésta no se apagara.
La desesperación de que el Buhonero pudiera llegar al refugio antes que yo puso alas a mis pies.
Corrí tan deprisa que sentí que el sonido de los cascabeles del Buhonero se quedaba atrás. Comprendí entonces que yo podría llegar antes que él al pequeño refugio evitando así que, al ver la chimenea apagada, guardara de nuevo en su hatillo toda la Magia que me regaló en su día.
Entré como una exhalación en la casa e introduje en la chimenea todos esos pequeños palitos que había recogido por el camino.
Soplé suavemente con el fuelle hasta que los pequeños rescoldos prendieron en ellos y una tímida llama empezó a elevarse y a su alrededor otra y otra y otra, hasta que, por fin la estancia se iluminó con su resplandor.
En ese instante escuché como el tintineo de los cascabeles del Buhonero se alejaba al mismo tiempo que la Magia regresaba de nuevo llenando de luz el pequeño refugio.
Todo parecía volver a ser como al principio incluso. De forma increíble en la chimenea aparecieron algunos troncos y la leñera se encontraba repleta de ellos.
Me senté frente a la chimenea y me dejé llevar por su hechizo.
Es posible que todo esto sea un sueño, una fantasía, un producto de esa Magia que quiso regalarnos nuestro Buhonero pero, sea lo que sea, es hermoso regresar a casa.

6 comentarios:

Rayco dijo...

que nunca se apague ese fuego.

paco tellez dijo...

La magia de tu blog no se puede marchar. Es como si la Luna desapareciese de repente de la noche. Como si el mar dejase de romper contra las rocas. Mi sillón está un poco descuidado, lo sé... pero sigue mirando hacia la ventana, hacia la lluvia, tal y como lo dejé... es hermoso volver a casa.

Julia dijo...

Gracias Rayco, te aseguro que se intentará.

Julia dijo...

La Luna desaparece de nuestra vista durante un tiempo pero sigue ahí y aunque no la podamos ver, podemos sentirla porque ella siempre se hace sentir.
La Mar en ocasiones, está tan serena, tan apacible que más que romper contra las rocas parece que las acariciara suavemente temiendo erosionarlas.
La Magia flota a nuestro alrededor, sólo que no siempre la percibimos con la misma intensidad, porque esa Magia sólo podemos verla a través de los ojos del corazón.
Sí, es hermoso regresar a casa y comprobar que nuestras cosas, nuestro sitio sigue ahí.
Es por eso Paco que aquí, en este pequeño Blog, entre alegrías y tristezas, entre esperanzas y desencantos, entre sueños y pesadillas, los amigos siempre tendréis vuestro sitio reservado frente a la ventana o en el suelo, junto a la chimenea, o alrededor de la mesa camilla, porque aquí siempre, siempre habrá un lugar para vosotros tanto en las palabras como en los silencios.

charli dijo...

La mayoría de las veces me pierdo entre unas y otras cosas y tardo mucho tiempo o, en el peor de los casos, pierdo para siempre la oportunidad de ayudarte a correr delante del buhonero.
Mucho tiempo después, tengo que darte las gracias por haber ganado la carrera, por tu esfuerzo y por mantener este sitio al que volver.
Gracias.

Julia dijo...

No te preocupes amigo Charli, todos de una forma u otra me ayudáis a ganar mi carrera al buhonero.
Gracias no. Las gracias debo dártelas a ti y a cuantos me apoyáis en esta “carrera”, porque mi esfuerzo es el esfuerzo de todos.
Mantenemos este sitio donde volver porque es nuestra casa, porque es nuestro refugio y porque, de alguna manera, es una forma de volver a reunirnos frente a nuestra chimenea, tomando un café caliente y charlando de cualquier cosa o, simplemente, acompañarnos en silencio.
Gracias a ti.

Julia.