sábado, 10 de mayo de 2008

Religiosidad

Desde hace un tiempo en algunos foros y Blogs que frecuento se está tratando del tema de la creencias religiosas.
Para ser sincera nunca fui una persona que destacara por su religiosidad si llamamos religiosidad a toda esa especie de teatro que se monta amparado en las diversas creencias.
Leo palabras que tratan de alimentar el alma y quisiera que existiera alguna palabra que pudiera no alimentar, si no simplemente sosegar la mía.
Leo y leo y trato de asimilar o al menos intentar comprender ese significado pero dentro de mí se ha formado una coraza que impide que cualquier palabra en ese sentido penetre en mi corazón.
No sé si en el fondo de mi alma necesitase de ese consuelo, lo que sí sé es que en el fondo de mi corazón al que sobre ese tema se llega a través de mi cerebro, se niega a admitir que pueda existir un ser que permita que sucedan cosas como las que suceden.
Es posible que yo sea un ser egoísta que sólo sea capaz de reconocer su dolor.
Es posible que yo sea un ser duro al que palabras huecas no sean capaces de convencer.
Es posible que yo sea un ser para el que, para ese supremo ser, haya sido un juguete con el que ha jugado, con el que se ha divertido de forma tan cruel que ha convertido su juguete en alguien terriblemente incrédulo.
También es posible que hoy, yo, no sea la mejor persona para describir lo que significa creencia, religión o religiosidad.
Lo único que sé es que, si alguien es capaz de mover los hilos de la vida de las personas, debería preguntarse el cómo y el porqué de esos movimientos.

4 comentarios:

charli dijo...

Siempre intento dejar perfectamente claro que creo que no tiene sentido la creencia en seres superiores. Hace un tiempo lo hacía con el ánimo de provocar un intento para mi "conversión", ahora sólo lo hago para dejar bien patente mi desacuerdo con estas creencias. En general me parecen más perniciosas que otra cosa y estoy convencido de que no son sino fruto de la incapacidad para admitir nuestra poca importancia y nula trascendencia. Se nos llena la boca de un dios al que lejos de sentirme obligado a darle cuentas, me siento en el derecho de pedirle muchas explicaciones. No creo que mi postura sea egoísta (y la tuya tampoco lo creo) más que nada porque no sólo le pediría explicaciones por cosas que me atañen personalmente, sino por tantas y tantas desgracias y sinrazones que vemos día a día.
No me duelen prendas, dejando a salvo el respeto a las creencias de los demás, en decir que ni hay dios ni falta que hace y si lo hubiese, no seríamos muy amigos él y yo. No puede haber fé obligatoria, ni hechos con explicaciones absurdas, ni creencias irracionales bajo amenaza. No admito la "modernización" de las creencias para adaptarse a los tiempos actuales. Cuando se habla de verdades absolutas, de razones únicas de un sólo dios verdadero, ha de mantenerse intacto el discurso o corremos el riesgo de que alguien piense que siempre ha sido falso. Lo que ayer era dogma hoy debe ser dogma igualmente ¿o es que me engañas hoy; o me engañabas ayer?
Se opondría a mi exposición que una cosa es Dios y otra muy distinta la Iglesia. Que Ésta ha fallado pero nunca Dios. No vale esta razón tampoco porque el dios que conocemos, en el ámbito religioso, que es al que yo me refiero en cualquier caso, nos ha sido presentado, adornado, e impuesto cuando ha podido, la propia Iglesia, eso sí, podemos llamarlo Iglesia Católica, brujo de la tribu, gurú o con la denominación e infraestructura social que queramos. Siempre es lo mismo: la dominación de la mayoría por una élite autodesignada (bueno, vale, designada por Dios), en aras de los más altos valores, y también los más bajos, de que es capaz el hombre que, desde que se inició su existencia, no es otra cosa que un animal con una capacidad de adaptación exponencial a su primer desarrollo.
Dios está en todas partes decimos: en el aire, el color del otoño, el mar, las olas. Mentira. La magnificencia de todo lo anterior y millones de cosas más, sólo es fruto de la capacidad humana de percibir y disfrutar de la percepción, incluso en ocasiones el disfrute no surge de modo natural, sino que hasta es algo aprendido, educacional o, seguramente a través de los siglos, hasta genético.
Siento que no haya dios, pero tampoco me gustaría que fuese como sería si lo hubiese.
Rogaría mil disculpas por mis afirmaciones si me incomodase no hacerlo. Como no me incomoda, sólo ruego mil disculpas por la extensa exposición de mis "descreencias".

Julia dijo...

Mi querido amigo...
Como creo debería decirse en los casos en los que se habla de ciertos temas...
AMEN a tu comentario.
Un beso.

Rayco dijo...

Yo no soy muy religioso pero admiro profundamente a quien lo es. Suelen llevar una vida más reconfortante.

Julia dijo...

Creo que el llevar una vida reconfortante no es algo en exclusiva de las personas religiosas.
Yo admiro profundamente a todas aquellas personas que, tengan creencias religiosas o no, viven y se comportan de acuerdo a lo que su conciencia y su corazón les dicta.