sábado, 5 de julio de 2008

Mamá

Todos los días te llevo en mi mente, en mi corazón, en mi pensamiento en el día a día pero hoy, alguien te recordó y me habló de ti.
Me recordó tu frágil cuerpo pero a pesar de él, tu fuerza.
Me recordó tu constancia, perseverancia, tu no dejarte vencer.
Pero, cuando llegué a casa, a solas, recordé tu temor, no por ti, más bien por los demás.
Recordé tu sacrificio, tu miedo frente aquella ante la que te sentías minimizada pese a tu entrega y tu poder.
Recordé tus palabras generosas para quién te hizo tanto daño.
Recordé que no podía tocarte, besarte, acariciarte porque cualquier roce significaba para ti un inmenso dolor.
Recordé tus ojos próximos a quedarse vacíos de esta vida pero que se encontraban tan llenos de amor y entrega que no importaba fuera cual fuera su destino final.
Recordé que no me quedé con ese “te quiero” porque supe decírtelo siempre.
Recordé como sonreíste a pesar de tu gran dolor cuando me acerqué a tu oído y te susurré aquellas palabras.
Recordé cuando ambas sabíamos que era el final pero ambas sabíamos también que no había sitio para el miedo porque sabíamos que llegaba ese momento donde la paz, tu paz, era la meta.
Recordé como di gracias porque acabara tu sufrimiento aunque comenzara el mío sin fecha de fin.
Recordé tu rostro que reflejaba calma, paz y pensé... ¡Ojalá cuando llegue mi momento mi rostro refleje la calma que refleja el suyo!.
No sé muy bien porqué pero, hoy, ahora, te necesito a mi lado más que cualquier otro día...
Te necesito... Mamá.

4 comentarios:

AiLeoN dijo...

Palabras tristes pero muy significativas para ti, y con un sentimiento único.

Tus palabras me han emocionado! Mantén la llama de ese recuerdo...

Te mando un abrazo,
Cuídate!

Julia dijo...

Descuida Aileon, esa llama permanecerá conmigo hasta el último instante y es posible que, en ese momento, sea ella la que me susurre al oído.
Un abrazo y cuídate tú también y, ya sabes, no sólo por ti.

Julia.

charli dijo...

¡Qué bueno era mi padre muerto!

soñaba con el viento, los pájaros, su pueblo

soñaba que era niño y reía para adentro

Soñaba con las flores, sus palomas y su perro

¡Qué bueno era mi padre muerto!

creía en tí Señor, y le quitaste el tiempo

y te siguió creyendo y le tronzaste el cuerpo

Y te siguió creyendo y está muerto.

¡Qué bueno era mi padre muerto!

¡qué bueno y me está muerto!

Héroe de la vida
luchador contra la muerte
descansa en paz
ahora duerme.


Cuando mi padre murió, yo tenía 18 años recién cumplidos y desde los 8 llevaba viéndole morir, sin saber muy bien qué estaba pasando. Cuánto sufrimiento pudo haber a mi alrededor. Tanto, tanto que aún me dura a veces y eso que, gracias a la bendita inconsciencia de la edad, la percepción de lo real es casi imposible. Mi padre era inmortal, como lo eran los demás padres. Aunque se murió diez años seguidos, mi padre fue inmortal hasta que aquella extraña agitación en la cocina mientras cenábamos, que yo no quise ver porque no me atrevía. Aquella entrada agitada de mi tía (su hermana) que estaba con él en la habitación mientras los demás cenábamos (sus otros dos hermanos, su cuñado, mi madre, mi hermano y yo)pronunciando algunas palabras aceleradas a las que yo respondí con un "nada, no es nada". Más tarde, segundos más tarde supongo, alguien me dijo que le diera un beso, contesté "eso ya no es mi padre" mientras lloraba desconsoladamente. Miré a mi hermano (13 años), no lloraba, estaba serio. Alguien me tapó la boca para que no siguiera diciendo estupideces. Yo nunca había oído hablar del orden en el que, al parecer, se van perdiendo los sentidos a la hora de la muerte.
¡Coño! Qué dolor más intenso, más profundo. Ese dolor en el que entiendes lo que es el dolor desgarrador, ese que arranca fibras del alma, aunque debe de hacerlo de la parte de ésta más próxima al cuerpo porque la sensación es reconociblemente física.
Muchos años después, sigue doliendo aunque sea de modo sordo. No sabría decir las veces que he escrito ese poema que pongo al principio, y que este medio no me permite formalizar a modo de verso. He escrito el poema decenas de veces y, sin embargo, no lo tengo en ningún sitio, no podría leerlo y tampoco lo sé de memoria, sólo tengo la misma idea a través de los años y, cuando la ocasión lo requiere, la dejo salir con la forma que le apetezca. Sin duda es el poema más vivo de cuantos he escrito, es casi inmortal porque no ha terminado de nacer jamás. No es bueno, ni es malo, unas veces es mejor que otras pero siempre es el mismo.
¡Qué bueno era mi padre y está muerto! Manda cojones qué sólo me ha dejado toda la vida, cuánto lo he necesitado y cuánto le quiero.
Se terminó el comentario porque llegan las lágrimas y está uno ya muy mayor.


P.D. Tuve un profesor de Literatura que se llamaba y espero que se siga llamando el Padre Paulino. En realidad el poema que reescribo una y otra vez, comenzó a escribirlo él a la muerte de su padre. Lo leyó una vez en clase y me quedé con la idea. Me debió impresionar de tal forma que, cuando me tocó el turno, tomé de él la frase principal aunque ni siquiera sé si era exactamente esa.

Julia dijo...

Gracias amigo mío
Te doy las gracias y no me avergüenza decirlo con lágrimas en los ojos, porque tus palabras me han acercado al dolor, a la impotencia y a la soledad de los hijos que, tenga la edad que tengan, sienten cuando se pierde un padre o una madre.
Amigo Charli un beso y muchas gracias por mostrar eso que muchos de nosotros llevamos tan dentro.

Julia.