sábado, 2 de agosto de 2008

Hasta la vuelta

Ahora sí que ya estamos, como se suele decir, sobre los tacos de salida.
No es que vayan a ser muchos días pero sí los suficientes para descansar y relajarse porque lo de desconectar ya lo hice nada más salir de trabajar el viernes día veinticinco.
¿Sabéis lo que me gustaría poder hacer?, pues, me encantaría que mientras estoy tumbada al sol o a la sombra, de día o de noche, me da igual, fuera capaz de describir lo que esa paz, ese silencio tan lleno de imperceptibles sonidos me produce.
Para ello y, por si se me ocurre alguna cosilla tengo preparado un cuaderno y un lapicero para escribir a la vieja usanza.
Curiosamente siempre me ha gustado escribir con lapicero, con un lapicero que no tenga la punta muy afilada, que se deslice suavemente sobre el papel dejando esos trazos que hacen que las palabras se vean diferentes.
Sí, hoy empiezan realmente mis vacaciones, porque estos días vamos a disfrutar de ese merecido descanso en familia.
A pesar de todo debo decir que esta semana que he estado con estos días caseros, he descubierto lo que es salir a comprar sin prisas, saboreando esos momentos de charla con vecinos y comerciantes que, cuando estás trabajando, no puedes disfrutar porque siempre te falta tiempo.
En fin, sólo queda despedirme de vosotros pidiéndoos un favor: Que estéis donde estéis y hagáis lo que hagáis, procuréis ser siempre felices.
Un beso.
Julia.

viernes, 1 de agosto de 2008

Vacaciones

Recuerdo las primeras vacaciones que disfrutamos en la playa cuando mis hijos eran muy pequeños.
Viajábamos desde mi ciudad hasta Alicante cuatro adultos y dos niños, en un Chrysler 150, con ese aire acondicionado que funcionaba a condición de que bajásemos las ventanillas.
A pesar de todo, era algo maravilloso, el primer encuentro de los niños con el mar, pero también era el primer encuentro con un viaje tan largo y ese montón de kilómetros que no había manera de acortar.
Cuando ya estábamos agotados de cantar, contar cuentos y demás cosas para entretener a niños, recuerdo que empecé a inventarme canciones y cuentos, porque los ya conocidos se terminaron en la primera etapa del viaje.
Más tarde tuve la “brillante” idea de responder a mi hija que no paraba de preguntar ¿cuando llegamos mamá?, que llegaríamos cuando viéramos palmeras.
¡Dios mío!, ¿por qué se ocurriría semejante respuesta?. Las palmeras aparecieron muchos kilómetros antes de llegar a nuestro destino y claro, mis hijos, ambos a dos, empezaron a preguntar ... ¿Cuando llegamos mamá?... ya se ven palmeras, ¿no las ves?, ¿porqué no hemos llegado?.
Claro que las veía y en esos momentos hubiera deseado que me tragara la tierra porque aún faltaban un montón de kilómetros para llegar.
Pero creo que de ahí viene la expresión de que a grandes males, grandes remedios y, se me ocurrió decirles:
Es verdad, esto está lleno de palmeras pero es como en el cuento, ¿recordáis?... Sólo que aquí, para mostrarnos el camino, lo bordean de palmeras y si las seguimos, sabremos que hemos llegado cuando escuchemos el rumor del mar.
A partir de ese momento, cada vez que su padre tenía que desviarse y dejaba atrás las palmeras, nuestros hijos gritaban: ¡Papá, debes seguir el camino de las palmeras, porque si no, no encontraremos el mar!.
Cuando al terminar una empinada cuesta divisamos nuestra deseada mar... todos nos sentimos felices y relajados..., sobre todo los adultos.
Fueron unas vacaciones preciosas.
Julia.