domingo, 5 de octubre de 2008

Estaba en él

Llegó un momento en el que empezó a creer que las cosas volvían a retomar su rumbo pero, de improviso, sucedió algo que le rompió los esquemas.
Empezó a sentirse mal físicamente y por más visitas a su médico y por más tratamientos que le prescribían, aquello no tiene ninguna pinta de mejorar, al contrario, cada día iba de mal en peor.
Entonces alguien dijo las palabras mágicas:
“La solución está en ti y mientras tú no pongas algo de tu parte esto no cederá”.
En un principio pensó que era imposible, que todo estaba controlado, que todo había empezado a normalizarse poco a poco, que por fin en su vida había calma.
Pero algo dentro de él opina que es posible que estén en lo cierto, que puede que su mal no sea del todo físico. Empieza a reflexionar y...
Ahí está, no ha desaparecido. Ha estado latente durante un tiempo pero ha despertado y de nuevo y sin que se diera cuenta ha vuelto a dar zarpazos y, en cada uno de ellos, se lleva parte de la piel de su alma dejándola descarnada.
De nuevo duele, más no es ya un dolor físico. Duele el ayer, duelen los recuerdos de tantos y tantos años, duele la cobardía, duele..., sólo duele.
Desnudo se enfrenta al espejo y en él busca desesperado más allá de las marcas físicas, pero sólo unos ojos tristes, cansados, con amplias ojeras, son el único indicio de su tormento.
Su mirada se pierde en el interior del espejo intentando que desaparezca su cuerpo.
Desearía arrancarse la piel y volverse del revés para tratar de encontrarse.
Desearía detener esa tortura que le lacera por dentro.
Desearía poder cicatrizar aunque fuera con fuego las heridas aún abiertas y que las cicatrices fueran difuminándose aunque nunca llegasen a desaparecer.
Desearía... Sí, desearía tantas cosas...
La habitación se ha quedado fría y a pesar que el soñar con tantos y tantos deseos que nunca se cumplieran ha helado su sangre, el instinto de conservación hace que busque rápidamente ropa para abrigarse.
Con los ojos carentes de toda vida, mira nuevamente su imagen en el espejo y con una grotesca mueca que pretende ser una sonrisa pregunta:
“La solución está en mí pero, dime..., ¿Sabré encontrarla?”.
Julia.

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