domingo, 30 de noviembre de 2008

Un poema perdido

Más o menos sobre el año dos mil cuatro, fue cuando empecé a escribir este poema. Lo dejé guardado, olvidado, sin terminar y, la verdad, no sé muy bien porqué.
En Marzo del dos mil cinco rebuscando entre mis escritos apareció de nuevo, de ahí viene el título del poema, aunque en un principio lo titulé “Jugando con versos”, y decidí terminarlo.
Seguramente tendría que hacer algunas correcciones en él pero, cuando lo he leído de nuevo he sentido como si una parte de mí volviera a aquellos momentos, así que decidí no tocarlo.

Un poema perdido

Hoy quiero escribir un poema
que llegue a tu corazón
que le conmueva, que le arañe,
beber luego de su sangre
hasta llenarme de deseo y,
mientras que de él bebo,
bañarme desnuda en tus ojos,
en tu mirada hambrienta de niño,
en tu mirada de hombre sediento.

Y, abandonada la realidad,
adentrarme en tus temores,
decir cerca de tus labios, muy quedo,
¡amor no tengas miedo!,
que el deseo ahuyenta la soledad.
Y besarte sin pudor en la boca,
sabiéndome libre sin la libertad.

Y entregarme a ti sin piedad,
dolida y dañándote en ese juego,
en el que ambos salimos ganando,
en el que sé que los dos perdemos,
y así, jugando y jugando,
decirte por primera vez o...
... tal vez sólo una vez más:
¡Te quiero!.

Julia, 25 de Marzo de 2005.

sábado, 29 de noviembre de 2008

CARTAS DE JULIA (PRIMER ANIVERSARIO) – Escrito por Paco Téllez

Quisiera, si me lo permitís, publicar el regalo en forma de poema que, en el primer aniversario de mi Blog, me entregó uno de mis más antiguos y queridos amigos, Paco Téllez.
Muchas gracias Paco y un beso muy fuerte.

He escrito un poema a vuela pluma, sin apenas corregir (y sabes que yo doy vueltas y vueltas a todo lo que escribo). Es mi modesto homenaje a este blog pero, sobre todo, a ti:

CARTAS DE JULIA (PRIMER ANIVERSARIO)

Hoy estrenamos mantel
para la mesa camilla.
Luce radiante la estancia
con las velas ya encendidas

La chimenea crepita
entre las cartas escritas
avivada por el fuego
de tu alma, amiga mía.

Ya sé que nuestras historias
de la fiesta participan
pero tú eres la razón
de que esta casa esté viva

Yo no sé si esto es un blog
o una tertulia sin cita,
qué más da si el corazón
jamás está de visita
en este rincón bendito
donde yo encuentro la vida.

Levanto mi copa hoy
y brindo con alegría
por estar aquí y ahora
y compartir este día
con todos los que no veo
pero me llega su brisa.

Con este tirón de versos
nacidos desde la prisa
yo te felicito blog
y te regalo la risa
de una luna que se asoma
cada noche a mi garita
y en la ronda de mi guardia
su sueño a mi sueño invita.


Paco Téllez a 28 de Noviembre de 2008.

Gracias

Ayer, para celebrar el primer aniversario de este pequeño refugio quise invitar a mis amigos a una pequeña fiesta.
Deseaba que fuera cálida, acogedora y así ha sido pero, esto, se ha conseguido gracias al calor de vuestra presencia, a vuestros maravillosos regalos en forma de palabras. Palabras llenas de cariño, de apoyo, de ánimo, de esperanza hacía el futuro de este Blog.
Ha sido maravilloso, sí, realmente maravilloso recibir vuestros regalos y, a pesar de parecer demasiado sensible, me he emocionado, me he sentido arropada, acompañada... Feliz.
He sentido como este pequeño lugar, gracias a vosotros, se llenaba de luz, de calor, de color y de esperanza para esta celebración tan especial para mí.
Gracias por estar en este Refugio, gracias por todo lo que, comentario a comentario, me entregáis, gracias por abrir día a día una pequeña parte del camino, de ese camino que hace que Cartas de Julia, continúe su andadura.
Un enorme beso para vosotros, mis incondicionales amigos.
Julia.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Un año con vosotros


Abrí Cartas de Julia el día diez de Noviembre, pero fue hoy, hace un año, cuando publiqué mi primera entrada, no sé, como que después de abierto me daba “cosilla” empezar.
Me siento feliz, tal vez pueda parecer una tontería pero así es, hoy este pequeño refugio cumple su primer año de vida.
Para ser sincera, nunca pensé que este Blog que se abrió casi como una pequeña tabla de salvación llegara hasta aquí pero, ya veis, hace trescientos sesenta y seis días (el año dos mil ocho es bisiesto), que inicié mi andadura por estos lares .
No voy a ser egoísta y colgarme la medalla o coronarme de laurel yo sola, no, creo que este Blog sigue vivo gracias a vosotros, mis amigos que, con vuestras lecturas y comentarios, me animáis a seguir con él.
Por eso...


MUCHAS GRACIAS

Julia.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Simplemente

No, no me siento mal,
simplemente no me siento.

No estoy siquiera enfadada,
eso se lo llevó el viento,
no hay mal que cien años dure
ni herida que no cure el tiempo,

Cuando sientes tanto daño,
cuando nos duele tan dentro,
con los pedazos del alma
formas un cántaro nuevo,
donde recoger suspiros,
donde recoger... silencios.

Ya no, ya no me siento mal,
simplemente..., no me siento.

Julia, a 21 de Octubre de 2004.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Pensamiento nº 23

Es nuestra vanidad la que nos hace pensar que hemos perdido algo que nunca tuvimos.

Abrecartas, a 20 de Febrero de 2005.
Julia.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Nace un nuevo día

La luna empieza a perder parte de su rostro mientras la observo a través de la ventana desde la más absoluta monotonía.
Tengo sueño, pero sé, que si me acuesto no podré dormir y, sentada frente a este documento en blanco, decido enfrentar al nacimiento de un nuevo día, Domingo.
Mi calle duerme. La casa está silenciosa, únicamente se escucha el ruido que produce el ordenador.
Es curioso, se me ocurrían tantas cosas que escribir y, de pronto, todas ellas me parecen una tontería.
Debe ser que el cansancio se está apoderando de mi cuerpo y de mi mente, así que creo que voy a permitirles que descansen un ratito, (si es que pueden).
Feliz Domingo.

Julia.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Algunas veces siento

Algunas veces siento que, las personas, nos volvemos cada vez más y más exigentes. Exigimos más y más sin ofrecer nada o, muy poco.
Seguramente yo no me salvo de ese sentimiento porque, probablemente, yo sea la primera que no me siento capaz de dar mucho.
Pero hoy es..., como un quiero cambiar. Un, me gustaría cambiar... Un, me gustaría abrirme más, saber entregarme más, poder decir... ¡Aquí estoy!, sin reservas.
No sé si en alguna ocasión he sido así pero, si no lo he sido, desearía serlo a partir de ya, de este momento, porque siento una necesidad dentro de mí que me lo pide a gritos..
Creo que hoy estoy con eso que llamamos... “fibra sensible”, pues..., no me importa. ¡Ojalá!, todos encontrásemos ese momento en el que nos enfrentáramos a esa despertadora fibra.
Es curioso, algunas veces me siento plena, acompañada al máximo, en cambio otras es como si hubiera un desierto a mi alrededor, donde se me negaran esas cosas que son como el agua en el desierto..., imprescindibles.
Sé que no es una entrada fácil de leer, animosa, divertida, entusiasta, pero es la entrada que quiero, que necesito hacer hoy, porque hoy, no me siento ni divertida, ni animosa, ni entusiasta, ni fácil de leer, simplemente, me siento...

Julia.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tapón

Se llamaba Tapón y era la mascota de mi hija. Un hámster ruso hembra a pesar del nombre que, cuando llegó a casa por primera vez, era muy arisco. Cuando se le sacaba de la jaula para que jugara un poco en un espacio más abierto, mordía como un descosido, una vez, hasta me hizo sangre en una mano pero era tan chiquito, tan tierno, parecía una pequeña bolita gris que después de regañarle (como si lo entendiera), no podías por menos de acariciarle de nuevo.
Poco a poco fue cambiando. Se acostumbró a que le sacaran a jugar y ya no mordía a nadie salvo cuando estaba en celo, es más, le encantaba corretear por nuestro cuerpo y pasar de mano en mano para que todos le mimaran.
Se volvió cariñoso, pero seguía siendo revoltoso y juguetón. No paraba quieto un segundo y cuando no estaba dando vueltas en su rueda, se dedicaba a hacer cabriolas por las barras del techo de la jaula o subir y bajar por los tubos que tenía en ella.
Más de una vez se nos escapó pero, aunque parezca mentira, aparecía cuando le llamabas mientras hacías ruido sobre la madera y decías “Tapón..., pan” y es que estaba acostumbrado a que cuando llegaba a casa a medio día, siempre le daba un trocito de corteza de pan mientras le decía: “Tapón, pan”, así que creo que por eso salió de su escondite al oírme decirlo.
Pero pasó el tiempo y, como todo el mundo, envejeció, se hizo más lento, ya casi no jugaba en la rueda y no trepaba para hacer sus cabriolas en las barras del techo de su jaula.
Se quedó “un pelín” sordo y nos dio mas de un susto porque se quedaba dormido todo estirado cuando lo normal es que lo hiciera hecho una bola y, como no oía bien, tenías que mover la jaula para que se enterara y viniera a comer de nuestros dedos esas pequeñas golosinas que tanto le gustaban: trocitos de lechuga, zanahoria, manzana, melón y su corteza de pan.
Tenía mucha edad para ser un hámster ruso ya que, según nos dijeron, era raro que llegara a vivir dos años.
Hoy era como cualquier día, le vimos caminar lentamente como ya era costumbre, subir y bajar recorriendo los dos pisos de su jaula, comer su trocito de corteza de pan, beber agua agarrándose al bebedero con sus patitas delanteras y esconderse entre el serrín.
Después de cenar me extrañó que no estuviera, como todas las noches, zascandileando por la jaula ya que estos animales tienen su mayor actividad en las horas nocturnas, así que me asomé para ver donde estaba.
Me sorprendió no encontrarle escondido entre el serrín y me extrañó que estuviera en la parte de arriba de la jaula metido en su caseta.
Le llamé porque no veía muy bien si se movía. Moví la jaula pero...,nada. Golpeé la pared de su caseta y no hubo respuesta..., Tapón nos había dejado
Tapón vivió más de dos años, casi podría decir que vivió dos años y cuatro o cinco meses, porque desconocemos el tiempo que tenía cuando llegó a casa.
No me avergüenza decir que lloré por Tapón pese a ser un hámster, porque era nuestro pequeño amigo, y le queríamos.
Julia.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Revolviendo en la buhardilla

Me invadió la nostalgia, no pude evitar que sucediera.
Abrí la puerta del refugio y, desde el umbral, intenté ver todo lo que en él se encontraba.
Poco podía ver, porque la sola luz de la chimenea me ofrecía una imagen difusa pero lo suficientemente acogedora como para que me decidiera a entrar.
Entré despacito, como quién no desea que se advierta su presencia y cerré con cuidado la puerta para que no golpeara.
La chimenea seguía encendida pero necesitaba atizarla un poquito y, tal vez, añadirle algún tronco.
Me senté en mi lugar preferido. Esa alfombra mullida y cálida frente al fuego y desde allí contemplé todos los regalos que me habían ofrecido y que, en forma de palabras, adornaban de muchas y diversas maneras la estancia.
Me sentía a gusto. Sí, muy a gusto, todo era armonía, como si una orquesta que, sin producir ninguna nota, creara una hermosa sinfonía.
No sé cuanto tiempo transcurrió pero algo hizo que saliera de ese ensimismamiento en el que me había sumido.
Algo me llamaba desde la parte de arriba del refugio, desde la buhardilla y, era tan insistente su llamada que no puede evitar levantarme y dirigirme hacia arriba.
Abrí la puerta y, allí estaban. Era algo increíble, era como redescubrir antiguas páginas de este lugar que había olvidado.
Reencontré escritos, comentarios, situaciones, sensaciones, recuerdos...
Reencontré antiguos cuadros formando imágenes a través de las palabras y palabras que se ofrecían como regalo a esas imágenes.
Reencontré el cariño de viejos amigos y la presencia de otros nuevos.
Era increíble, algo especial, era como revivir de nuevo esos instantes que, en su momento, me dieron serenidad, paz y, me ofrecieron la ocasión de comprobar que no estaba sola en el refugio.
Fue un momento especial, recorrí tiempos pasados, situaciones personales, tiempos difíciles y tiempos felices.
Cuando me sentí llena de paz, de esa paz que se respiraba en la buhardilla, bajé de nuevo para atizar la chimenea y decir a este pequeño refugio que ha hecho que me llenara de nostalgia pero que, por suerte, esa nostalgia ha conseguido que me sintiera feliz de haber subido allí.
No será la última vez que suba a visitar esa buhardilla.
Julia.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Un día de locos

De locos, hoy ha sido un día de locos.
A la media hora de abrir al público tenía a tres personas hablándome de tres problemas diferentes y para mayor “gracia”, el teléfono sonando sin parar.
¡Ehhh!, ¡Por favor!..., que tengo dos oídos, dos manos y una sola cabeza, que para nada soy ni un pulpo ni Mary Poppins, ni tan siquiera una computadora, ¡Qué mas quisiera yo algunas veces!..., así que, lo siento, pero mi capacidad no da para tanto.
Que soy una “currita de las de a pie” que, para su desgracia, sólo sabe atender, como mucho, dos cosas a la vez y eso mientras una de ellas sea respirar.
Así que me apoyé en el respaldo del sillón sin decir “ni pío”, eso sí, con una sonrisa que más o menos quería decir: De uno en uno, por favor, porque aunque escuche todo lo que estáis diciendo no puedo procesarlo y responderos a la vez.
Dio resultado, al menos empezaron a hablar de uno en uno, aunque algunas veces era amablemente interrumpido por otro que, al darse cuenta de que no le hacía ni caso, se callaba.
Y para que contar, la mayor parte de la mañana fue así, menos mal que todo tiene sus compensaciones y, por qué no decirlo, también hubo cosas muy pero que muy buenas...
Espero que mañana sea un día “menos divertido” y es que también me apetece “aburrirme” de vez en cuando, pero, si no lo es, pues nada, apechugaremos con lo que venga porque, como se suele decir, para eso nos pagan, no mucho pero..., nos pagan.
Buenas noches.
Julia.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Dejarse llevar

Sentada con los pies sobre el sillón, abrazando las rodillas, escrutaba la noche a través de los cristales buscando un resquicio por el que lograr aunarse con ella.
Pensaba: Si pudiera viajar convertida en oscuridad, me asomaría a su ventana tratando de descubrir su secreto.
Sumida en sus pensamientos, se dejó deslizar suavemente hasta fundirse con el sueño.
Julia.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Tiempo

Transcurre el tiempo.
Dos tic-tac se distancian,
soledad de uno.
Julia.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Hoy es uno de esos días...

Hay días en los que me apetece sentarme a escribir sin saber muy bien que es lo que voy a decir.
Sólo me gustaría escribir todas esas pequeñas cosas que se acumulan en mi cabeza y que luego, de una forma extraña, van conectándose unas con otras sin tener ningún sentido, mínimamente lógico, hasta lograr encadenarme a mi misma.
Tal vez si consiguiera hacerlo, si consiguiera desenredar esa absurda maraña que se va formando con esos pensamientos conectados tan inconexamente, sería capaz de poner en orden mi desordenada cabeza y dejar de dar vueltas y más vueltas como en un tiovivo para regresar siempre al mismo lugar.
Si pudiera escribir todos esos pequeños flash que aparecen y desaparecen dando paso a otros nuevos que vagamente se relacionan entre sí pero que, al final de la sucesión, forman un desesperante álbum de imágenes aparentemente lógicas pero fuera de toda realidad razonable, es posible que dejara de ver en su solo tono de gris.
No, no me importaría pasar del gris al blanco y negro como en las películas antiguas. Tal vez ese fuera el primer paso que abriría la puerta hacia mi perdido Arco Iris y así poder pensar a través de un sendero lleno de luz y tomar rumbo a cualquier parte.
Lo más probable es que no se entienda muy bien lo que he escrito y que se considere que es una de esas entradas “de relleno” pero, es cierto...
...Hay días en los que me apetece sentarme a escribir sin saber muy bien que es lo que voy a decir.


Julia.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Vacio

Hoy necesito insertar un poema que publiqué en Ababolia allá por el año 2002 pero que su esencia, al menos para mí, no ha cambiado con el paso de los años.

Vacío.

Caminar por sendas vacías
lugares sin luces, oscuros,
perdidos y encontrados
para sentir la soledad
de una vida repleta de todo y nada
de presentes sin presente.
de esperanzas desesperanzadas,
de silencios llenos de ruidos,
pero sin palabras.
De miradas llenas de nada,
vacías de todo,
de manos cubiertas de barro,
resecas, desgastadas
de tanto arañar la tierra
del corazón de los demás,
para recoger un poco
de lo que has desprendido
y que es tan poco
que se queda entre los dedos.
Volver la vista atrás
y ver, con tristeza,
que hay lo mismo que delante
lo mismo que el ahora
sólo la tierra pisada,
que por pisada está dura,
ni tu huella dejas en ella
y si no dejas tu huella,
qué dejas..., ¡Nada!,
y sientes que has pasado sin pasar
y que a la hora de entregar
lo que has recogido
entregarás un enorme saco
lleno de mucha nada..., ¡Vacío!.

Julia - (Abrecartas a 10 de Noviembre de 2002).

jueves, 6 de noviembre de 2008

No vuelva usted mañana

Le extrañó verlo en la cola. Por la edad que representaba, unos ochenta años, no tenía objeto que estuviera allí.
-Buenos días dijo al acercarse a la mesa.
-Buenos días respondió, Siéntese, por favor.
-Verá, vengo a entregar unos papeles de mi hijo, dijo mientras sacaba unos impresos que se encontraban en blanco de la carpeta que cuidadosamente había dejado sobre la mesa.
-Lo siento, pero esos impresos tiene que presentarlos su hijo personalmente, es la norma.
-Disculpe, pero es que mi hijo, comenzó a decir mientras sacaba otros papeles además de un carné de identidad, no puede venir personalmente, informó mientras los entregaba.
Cogió el D.N.I. y comprobó la edad de la persona, pasaba con mucho de los cuarenta años. Después cogió el resto de los papeles y los leyó atentamente.
Uno era un certificado que acreditaba una minusvalía de un setenta por ciento y un certificado médico que especificaba que el interesado y debido a una enfermedad no podía moverse de la cama.
-Bien, dijo después de comprobar todos los documentos, podemos recogérselos a usted pero tienen que estar firmados por su hijo... ¿Puede firmar su hijo los impresos, verdad?, preguntó al ver que el D.N.I. había sido recientemente renovado y venía firmado.
-Sí, respondió el padre, firmar sí puede.
-Entonces tiene que volver a llevarse los impresos y volver con ellos cubiertos y firmados por su hijo.
-Gracias, respondió con una sonrisa y levantándose con esfuerzo se alejó.
Al día siguiente y mientras atendía a otros usuarios vio en la cola al señor del día anterior. Esperaba pacientemente que le llegara su turno a pesar que había otras mesas que no tenían tanta cola.
Cuando le llegó su turno se acercó a la mesa con una sonrisa
-Buenos días dijo como el día anterior.
-Buenos días respondió la otra persona también con una sonrisa, siéntese, por favor. ¿Ha traído ya los impresos cubiertos y firmados?.
-Sí, espere que los busco.
Y de nuevo abrió la carpeta y sacó de ella los mismos papeles del día anterior, sólo que firmados pero..., seguían sin estar cubiertos.
-Señor, estos documentos están debidamente firmados pero no los trae usted cubiertos y deben estar rellenos.
-Lo siento, disculpe, es cierto que usted me dijo que además de firmados deberían estar rellenos, no me di cuenta. Volveré otro día, dijo mientras agachaba la cabeza haciendo ademán de levantarse.
-No, no se preocupe, puede cubrirlos usted aquí, ahora, espere que le doy un bolígrafo.
-No, no, volveré mañana con ellos cubiertos, los rellenaré en casa.
-Pero, si hace mucho frío y, por lo que he podido comprobar vive usted muy lejos, además, iba a añadir, son unos pocos papeles..., cuando, de repente se le encendió la luz de alerta: El señor no se sentía capaz de rellenar los impresos.
-Ah, ya entiendo, dijo, lo que ocurre es que se ha dejado usted las gafas de cerca en casa, ¿me equivoco?.
-No, no se equivoca, me las dejé olvidadas y sin ellas no puedo leer bien, dijo un tanto azorado.
-No se preocupe, yo los relleno. Le voy preguntando y usted me va dando los datos.
-Gracias..., si no le importa, respondió casi sin atreverse a levantar la cabeza.
Cuando empezó a preguntar y rellenar los impresos, se escucharon pequeñas protestas en la cola porque tendrían que esperar más de lo que pensaban pero eso no importó.
Mientras los cubría el hombre empezó a hablar, como si con ello se sintiera aliviado: Que su hijo vivía con él y su mujer y que eran ellos los que cuidaban de él debido a su minusvalía y a las frecuentes enfermedades que ésta le acarreaban.
Supo también lo preocupados que estaban porque se sentían muy mayores y no sabían que sería de su hijo cuando ellos faltaran ya que los hermanos no querían saber nada de él.
Supo tantas cosas que le importó muy poco las protestas que le cayeron después por detenerse a cubrir los impresos cuando los demás ya los llevaban cubiertos.
-Muchas gracias, ha sido usted muy amable, perdone por las molestias y..., ya lo sé para la próxima vez, no me tengo que olvidar las gafa de cerca aunque..., ya soy un poco mayor y mi memoria me falla para estas cosas.
-De nada y no se preocupe, no ha sido ninguna molestia y si otra vez se olvida las gafas, seguro que habrá alguien que le ayude a escribir lo que necesite.
-Buenos días dijo con una sonrisa mientras se levantaba con dificultad.
-Buenos días, respondió con otra sonrisa. Ah, y que todo salga bien.
Julia.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Me regalaron a "D. Juan"

Ayer me sorprendieron haciéndome un inesperado regalo: Entradas para ver “D. Juan Tenorio”.
Me encanta, es una obra que desde siempre me ha fascinado y hacía años que no veía ninguna representación de ella.
Recuerdo que cuando era niña y adolescente, TVE ponía cada primeros de Noviembre esa obra de Zorrilla.
No me la perdía por nada del mundo aunque ya los últimos años se empeñaron en ofrecernos unas representaciones un tanto extrañas que hicieron que perdiera todo interés en verlas. Más tarde empecé a ir siempre que podía al teatro para verla.
Como he dicho, hacía ya bastantes años que no disfrutaba de ella y ayer, ese regalo sorpresa me hizo una enorme ilusión.
La puesta en escena y el vestuario estaban muy logrados. Los actores, todos ellos metidos de lleno en sus papeles, hicieron que la representación fuera muy interesante, hasta la actriz que hacía de Dña. Inés, (que mira que el personaje siempre me ha parecido un pelín soso, claro que, ¿qué otra cosa se podía esperar de una niña atrapada en un convento?), hizo una interpretación muy en su punto pero a la vez diferente, como con más espíritu pero, el actor que interpretaba a D. Juan y la actriz que hacía de Brígida... Vamos, es que lo bordaron.
D. Juan empezó bastante bien, mas a medida que la obra avanzaba fue como si realmente el espíritu que Zorrilla quiso imprimir a su personaje se hubiera apoderado de él.
Brígida desde un principio estaba tan metida en su papel de vieja alcahueta que fue, después de D. Juan, la mejor actuación.
Fue tan buena la interpretación de la obra, me gustó tanto que, cuando salimos, me dolían las manos de tanto aplaudir.
Vaya, veo que de nuevo me estoy dejando llevar por mi pasión por una obra que a muchos les parecerá trasnochada pero que para mí es increíble. Creo que nunca me cansaré de disfrutarla.

Julia.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Juan - 1ª Parte - (Escrito por Charli).

---Hoy, en silencio esta vez, escribo y te cuento:
----El viento tenso de la tarde cálida, rascaba la piel de mi rostro y arrebataba mi espera. La besé, suavemente en los labios, entreabiertos de sorpresa lánguida. Hundí en su rostro mi cara, escondiendo la vergüenza de aquel beso torcido. Dejé ir mis ojos al fondo de aquel verde profundo que me miraba. Su mirada suave y cálida, el terral, cada vez más intenso, soplando cada minuto más de lejos. La mar que espejaba avisos para navegantes. Aquella mar inconfundible, que ponía su cara más bella, pintada de mil colores imposibles, como avezado marino me avisaba: amarra
----
Di la vela al viento y puse proa a tu mar, surcando aguas frías, límpidas y amantes, acompañado por la sombra de aquel velero parejo que singlaba a mi babor, con su mayor desplegada, preñada de viento cálido, engañoso y mortal. Girando la cabeza, sólo de vez en cuando, le gritaba a su loco patrón: “vuelve ignorante. Vira estúpido ¿no ves la mar?”. En voz baja me decía a mí mismo: ¡marinero de estanque! Vuelve Juan, joder Juan ¿qué estás haciendo? Trinca y vuelve, aun se ve la bocana. Todo está tranquilo aún, la mar te perdonará esta afrenta; dejará que llegues otra vez.
----
¡Te quiero! dijo Juan, mientras salía al bauprés para trincar el foque. Extendió los brazos al viento y gritó a pleno pulmón que no volvería. Gritó una y otra vez que la amaba, mientras ella le besaba la cara, los ojos, el cuello y el corazón. Millones de besos devueltos con las múltiples partículas de sí misma que cabalgaban en el viento. Millones de besos para enloquecer a un hombre que amaba sin previsiones.
----Aquel cielo oscuro de azules, turquesas, grises pesados y agitado de nubes. Aquel cielo de luces extrañas, se abrió de repente. Se abrió para dejar caer el mundo sobre Juan. Éste, de nuevo a la caña, estalló en carcajadas. Entre risas se le oía: “ya lo sé; y qué, tampoco quería volver ¿No creerás que me has engañado ni por un momento?”
----Los rizos, cada vez más encrespados, se remataban en espuma suave de algodón, que nuevamente se montaba en el viento para besar, una vez más, el pelo de Juan, ya chorreante de caricias.
----Miró a babor, donde ya había desaparecido el patrón loco, para decir: Sabía que tú volverías al puerto y, por primera vez aquella tarde, se sintió sólo con ella. En la intimidad más compacta, en la unión más perfecta. Sólo quedaban tres cosas: El cielo, Juan y Ella. El resto del mundo había desaparecido. Se había ido prendido de la cola de las últimas ráfagas de viento cálido. Junto con los colores imposibles y los azules etéreos que se habían asomado para observar la escena de aquel principio de tragedia.
----Rompe el pantoque si puedes, mis cuadernas aguantarán sin problemas tu embate, ella me lleva por la quilla, me abraza ¿no lo ves?
----Comenzó a cantar una lenta canción marinera, de cadencia triste y sonido de tierras lejanas. Juan cantó lentamente mientras esperaba la llegada de la primera. Pensó en darle popa; correr el temporal de popa; eso debía hacerse. Y qué ¿No había soltado amarras cuando sabía que no debía hacerlo? Ahora es tarde Juan, ¡aproa con redaños! ¡Suelta trapo y aproa!
----Juan, una vez más en su vida, dejó ir todo su puntal hacia la ola que amenazaba su barco. Con una sonrisa en la boca; con un rictus de fatalidad en su cara y feliz de ser él mismo. Satisfecho de manejar aún el rumbo, sujetando con fuerza el brazo de la caña, clavó en ella sus ojos, sólo nacidos para mirar lejanías. Lentamente, comenzó a escalar aquella primera que ya llegaba con prisa. No se preguntó si sería la última, sólo recogió la caña detrás de su antebrazo, cerrando la mano a la punta; enredó en su puño izquierdo un cabo, aseguró con la mirada la caza del estay de proa, apoyó la espalda en la borda por popa y se dispuso a clavar el bauprés en cuantas primeras le trajese la mar.
----Juan se perdió, firme, él mismo, ajeno a opiniones extrañas, sordo a costumbres y palabras ajenas, con las amarras rotas. Consecuente con la sangre y la sal que recorren aún sus venas y dejando una corta estela de mar y viento.
----
Continúa navegando hoy en su mar que es mi propia alma.
Charli.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Pensamiento nº 16 de Abrecartas - (Recordado por Paco Téllez)

En su comentario a mi entrada anterior, Paco ha traído hasta aquí un pensamiento que en el año dos mil cinco escribí en Abrecartas y que decía así:

Me gustaría preguntar ¿por qué?, pero sé que no voy a obtener respuesta.

Abrecartas a 4 de Febrero de 2005.

Esta fue la respuesta de Paco qué, en su momento (9 de Febrero de 2005), hizo a mi pensamiento y que me pareció muy interesante:

Si tuviera la respuesta
a todas las preguntas,
si no dudara,
si no cometiera errores
si no asumiera mi ignorancia
y mi temor a equivocarme
no lucharía por ser feliz
porque no sabría lo que
eso significa.

Paco (transmutado en filósofo budista)

Me gustó tanto su respuesta, sobre todo que la hiciera en forma de poema que no puede evitar contestarle de la misma forma y en la misma fecha:

No conozco ninguna respuesta,
pero tengo todas las preguntas,
dudo, claro que dudo,
cometo errores
más que nadie,
asumo que soy ignorante,
sé que me equivoco,
pero lucho por ser feliz,
lucho, porque eso si sé
lo que para mí significa.

Julia (con los pies en la tierra).

Creo que Paco, de alguna manera, lo que ha querido decir en su comentario al insertarlos es que si existe algo importante en esta vida es intentar ser feliz siempre y como eso es algo imposible que, al menos, intentemos buscar serlo el mayor tiempo posible.
Gracias amigo mío por una lección que fue sabia en su momento pero que sigue siéndolo a pesar del paso de los años.
Julia.

El día cinco de Noviembre, Charli hizo un comentario a esta entrada que es como una continuación a los que Paco y yo escribimos en su día en Abrecartas y, es por eso que hoy, ocho de Noviembre, modifico la entrada añadiendo sus versos:

Y llegó el tercero,
el pedante en discordia.
Y llegó andando
como siempre, andando.
Caminando despacio
hacia ninguna parte;
caminando.
Con aires de poeta caduco
iba llorando su canción,
soniquete estúpido que decía:

No sé empezar los versos
ni sé empezar el fin del camino.
No sé empezar el tiempo
ni sé empezar el destino.
No sé empezar preguntas
ni sé empezar con buen tino.
Ni siquiera sé, ya, ahora,
terminar este desatino.
Lo que sí creo que sé
es que la senda
es, en sí misma,
comienzo, trayecto, fin y destino.

Charli, a 5 de Noviembre de 2008.

Julia.