domingo, 2 de noviembre de 2008

Juan - 1ª Parte - (Escrito por Charli).

---Hoy, en silencio esta vez, escribo y te cuento:
----El viento tenso de la tarde cálida, rascaba la piel de mi rostro y arrebataba mi espera. La besé, suavemente en los labios, entreabiertos de sorpresa lánguida. Hundí en su rostro mi cara, escondiendo la vergüenza de aquel beso torcido. Dejé ir mis ojos al fondo de aquel verde profundo que me miraba. Su mirada suave y cálida, el terral, cada vez más intenso, soplando cada minuto más de lejos. La mar que espejaba avisos para navegantes. Aquella mar inconfundible, que ponía su cara más bella, pintada de mil colores imposibles, como avezado marino me avisaba: amarra
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Di la vela al viento y puse proa a tu mar, surcando aguas frías, límpidas y amantes, acompañado por la sombra de aquel velero parejo que singlaba a mi babor, con su mayor desplegada, preñada de viento cálido, engañoso y mortal. Girando la cabeza, sólo de vez en cuando, le gritaba a su loco patrón: “vuelve ignorante. Vira estúpido ¿no ves la mar?”. En voz baja me decía a mí mismo: ¡marinero de estanque! Vuelve Juan, joder Juan ¿qué estás haciendo? Trinca y vuelve, aun se ve la bocana. Todo está tranquilo aún, la mar te perdonará esta afrenta; dejará que llegues otra vez.
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¡Te quiero! dijo Juan, mientras salía al bauprés para trincar el foque. Extendió los brazos al viento y gritó a pleno pulmón que no volvería. Gritó una y otra vez que la amaba, mientras ella le besaba la cara, los ojos, el cuello y el corazón. Millones de besos devueltos con las múltiples partículas de sí misma que cabalgaban en el viento. Millones de besos para enloquecer a un hombre que amaba sin previsiones.
----Aquel cielo oscuro de azules, turquesas, grises pesados y agitado de nubes. Aquel cielo de luces extrañas, se abrió de repente. Se abrió para dejar caer el mundo sobre Juan. Éste, de nuevo a la caña, estalló en carcajadas. Entre risas se le oía: “ya lo sé; y qué, tampoco quería volver ¿No creerás que me has engañado ni por un momento?”
----Los rizos, cada vez más encrespados, se remataban en espuma suave de algodón, que nuevamente se montaba en el viento para besar, una vez más, el pelo de Juan, ya chorreante de caricias.
----Miró a babor, donde ya había desaparecido el patrón loco, para decir: Sabía que tú volverías al puerto y, por primera vez aquella tarde, se sintió sólo con ella. En la intimidad más compacta, en la unión más perfecta. Sólo quedaban tres cosas: El cielo, Juan y Ella. El resto del mundo había desaparecido. Se había ido prendido de la cola de las últimas ráfagas de viento cálido. Junto con los colores imposibles y los azules etéreos que se habían asomado para observar la escena de aquel principio de tragedia.
----Rompe el pantoque si puedes, mis cuadernas aguantarán sin problemas tu embate, ella me lleva por la quilla, me abraza ¿no lo ves?
----Comenzó a cantar una lenta canción marinera, de cadencia triste y sonido de tierras lejanas. Juan cantó lentamente mientras esperaba la llegada de la primera. Pensó en darle popa; correr el temporal de popa; eso debía hacerse. Y qué ¿No había soltado amarras cuando sabía que no debía hacerlo? Ahora es tarde Juan, ¡aproa con redaños! ¡Suelta trapo y aproa!
----Juan, una vez más en su vida, dejó ir todo su puntal hacia la ola que amenazaba su barco. Con una sonrisa en la boca; con un rictus de fatalidad en su cara y feliz de ser él mismo. Satisfecho de manejar aún el rumbo, sujetando con fuerza el brazo de la caña, clavó en ella sus ojos, sólo nacidos para mirar lejanías. Lentamente, comenzó a escalar aquella primera que ya llegaba con prisa. No se preguntó si sería la última, sólo recogió la caña detrás de su antebrazo, cerrando la mano a la punta; enredó en su puño izquierdo un cabo, aseguró con la mirada la caza del estay de proa, apoyó la espalda en la borda por popa y se dispuso a clavar el bauprés en cuantas primeras le trajese la mar.
----Juan se perdió, firme, él mismo, ajeno a opiniones extrañas, sordo a costumbres y palabras ajenas, con las amarras rotas. Consecuente con la sangre y la sal que recorren aún sus venas y dejando una corta estela de mar y viento.
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Continúa navegando hoy en su mar que es mi propia alma.
Charli.

1 comentario:

Julia dijo...

Amigo Charli.
No sé si este escrito lo habías publicado en nuestra querida Abrecartas, realmente no lo recuerdo pero, al leerlo cuando me lo enviaste y luego, al releerlo para publicarlo aquí, como que me ha dejado con ese regusto de querer más.
Gracias por dejarnos conocer un poquito a Juan.

Julia.