jueves, 6 de noviembre de 2008

No vuelva usted mañana

Le extrañó verlo en la cola. Por la edad que representaba, unos ochenta años, no tenía objeto que estuviera allí.
-Buenos días dijo al acercarse a la mesa.
-Buenos días respondió, Siéntese, por favor.
-Verá, vengo a entregar unos papeles de mi hijo, dijo mientras sacaba unos impresos que se encontraban en blanco de la carpeta que cuidadosamente había dejado sobre la mesa.
-Lo siento, pero esos impresos tiene que presentarlos su hijo personalmente, es la norma.
-Disculpe, pero es que mi hijo, comenzó a decir mientras sacaba otros papeles además de un carné de identidad, no puede venir personalmente, informó mientras los entregaba.
Cogió el D.N.I. y comprobó la edad de la persona, pasaba con mucho de los cuarenta años. Después cogió el resto de los papeles y los leyó atentamente.
Uno era un certificado que acreditaba una minusvalía de un setenta por ciento y un certificado médico que especificaba que el interesado y debido a una enfermedad no podía moverse de la cama.
-Bien, dijo después de comprobar todos los documentos, podemos recogérselos a usted pero tienen que estar firmados por su hijo... ¿Puede firmar su hijo los impresos, verdad?, preguntó al ver que el D.N.I. había sido recientemente renovado y venía firmado.
-Sí, respondió el padre, firmar sí puede.
-Entonces tiene que volver a llevarse los impresos y volver con ellos cubiertos y firmados por su hijo.
-Gracias, respondió con una sonrisa y levantándose con esfuerzo se alejó.
Al día siguiente y mientras atendía a otros usuarios vio en la cola al señor del día anterior. Esperaba pacientemente que le llegara su turno a pesar que había otras mesas que no tenían tanta cola.
Cuando le llegó su turno se acercó a la mesa con una sonrisa
-Buenos días dijo como el día anterior.
-Buenos días respondió la otra persona también con una sonrisa, siéntese, por favor. ¿Ha traído ya los impresos cubiertos y firmados?.
-Sí, espere que los busco.
Y de nuevo abrió la carpeta y sacó de ella los mismos papeles del día anterior, sólo que firmados pero..., seguían sin estar cubiertos.
-Señor, estos documentos están debidamente firmados pero no los trae usted cubiertos y deben estar rellenos.
-Lo siento, disculpe, es cierto que usted me dijo que además de firmados deberían estar rellenos, no me di cuenta. Volveré otro día, dijo mientras agachaba la cabeza haciendo ademán de levantarse.
-No, no se preocupe, puede cubrirlos usted aquí, ahora, espere que le doy un bolígrafo.
-No, no, volveré mañana con ellos cubiertos, los rellenaré en casa.
-Pero, si hace mucho frío y, por lo que he podido comprobar vive usted muy lejos, además, iba a añadir, son unos pocos papeles..., cuando, de repente se le encendió la luz de alerta: El señor no se sentía capaz de rellenar los impresos.
-Ah, ya entiendo, dijo, lo que ocurre es que se ha dejado usted las gafas de cerca en casa, ¿me equivoco?.
-No, no se equivoca, me las dejé olvidadas y sin ellas no puedo leer bien, dijo un tanto azorado.
-No se preocupe, yo los relleno. Le voy preguntando y usted me va dando los datos.
-Gracias..., si no le importa, respondió casi sin atreverse a levantar la cabeza.
Cuando empezó a preguntar y rellenar los impresos, se escucharon pequeñas protestas en la cola porque tendrían que esperar más de lo que pensaban pero eso no importó.
Mientras los cubría el hombre empezó a hablar, como si con ello se sintiera aliviado: Que su hijo vivía con él y su mujer y que eran ellos los que cuidaban de él debido a su minusvalía y a las frecuentes enfermedades que ésta le acarreaban.
Supo también lo preocupados que estaban porque se sentían muy mayores y no sabían que sería de su hijo cuando ellos faltaran ya que los hermanos no querían saber nada de él.
Supo tantas cosas que le importó muy poco las protestas que le cayeron después por detenerse a cubrir los impresos cuando los demás ya los llevaban cubiertos.
-Muchas gracias, ha sido usted muy amable, perdone por las molestias y..., ya lo sé para la próxima vez, no me tengo que olvidar las gafa de cerca aunque..., ya soy un poco mayor y mi memoria me falla para estas cosas.
-De nada y no se preocupe, no ha sido ninguna molestia y si otra vez se olvida las gafas, seguro que habrá alguien que le ayude a escribir lo que necesite.
-Buenos días dijo con una sonrisa mientras se levantaba con dificultad.
-Buenos días, respondió con otra sonrisa. Ah, y que todo salga bien.
Julia.

10 comentarios:

Pandora dijo...

Gracias Julia, por compartir este escrito tan tierno, tan dulce y tan apropiado para llevarnos a reflexionar. ¿Por qué tenemos que ir siempre con tanta prisa a todos lados? ¿Por qué hay gente que pudiendo ser amable es desagradable? No cuesta tanto tener paciencia, hacer las cosas con calma y regalar una sonrisa de vez en cuando.
Un beso.

charli dijo...

Muchísimas gracias, Julia. Si hubiese Dios, sin duda tendría esas cosas muy en cuenta. Deberían pesar mucho en la balanza.
Gracias, reitero, ojalá cuando me cueste tanto como a él, y aún más reconocer mis limitaciones, me encuentre con alguien como tu al otro lado de la mesa.

AiLeoN dijo...

Me he leído tu escrito varias veces. En tan pocas líneas, tantos sentimientos.

No sólo te felicito, mi querida amiga, sino que te aplaudo.

Gracias.
Te mando un beso,
Cuídate

Alison dijo...

Es la primera vez que paso por aquí y la verdad me emocioné mucho con lo que escribíste.
Te voy a agregar a mis links para no perderme ni un escrito tuyo.

Saludos y felicitaciones

Julia dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Pandora en que cuesta muy poco ofrecer una sonrisa, ser amable, aunque también reconozco que hay momentos en los que no se es capaz de sonreír pero, al menos se debe esbozar una, aunque se vea triste.
No era mi intención hacer reflexionar pero, ahora que lo has dicho, tal vez sí deberíamos hacerlo y mucho más de que lo que imaginamos.
Gracias a ti por comentar siempre de forma tan amable.
Un beso.

Julia.

Julia dijo...

Mi querido amigo.
Veo que tú vas más allá de lo que se escribe, porque en mi relato, para nada he hablado de mi mesa ni en primera persona, así que, por ello, la que debe dar las gracias soy yo.
En cuanto a Dios, si existiera, seguro que pensaría que tiene cosas más importantes de las que ocuparse que en poner en la balanza de un alma acciones tan naturales y lógicas, porque eso es lo que debe hacerse.
Ya ves, yo estoy segura que cuando algo así me suceda, que me sucederá, la generación de ahora, que será la que entonces tendrá que atenderme, hará lo mismo pese a lo mucho que se diga de ella, porque cada día descubro cosas que me hacen suponer que así lo hará.
Un beso y reitero... Gracias a ti.

Julia.

Julia dijo...

Gracias por leer mi escrito varias veces, por tu felicitación y, en cuanto a lo del aplauso..., joooo, como que hace que se me suban los colores.
Quiero pensar que si has encontrado tantos sentimientos en tan pocas líneas es porque muchas personas son capaces de encontrar y emitir muchos mas sentimientos de los que creemos y tú, Aileón, eres una de ellas.
Un beso y cuídate esa salud, porque eres muy importante para muchas personas.

Julia.

Julia dijo...

Gracias Alison por pasar por esta casa a la que he llamado “Refugio”.
Aunque suene a redundancia el que te haya emocionado mi escrito hace que a su vez me sienta emocionada por ello.
Saludos y gracias por tu felicitación.

Julia

charli dijo...

Si Dios existiese, sería inteligente y justo y, en ese caso, sabría que el cielo habría de componerse de millones de detalles casi, casi insignificantes. Las almas grandes nunca son inmensas porque eso es muy difícil, creo yo. Las almas grandes, sólo son grandes.
Siempre intento leer más allá de las letras, intento llegar a la persona, cuando además tengo la suerte de conocerla, me alegro de encontrar a quien espero en cualquier pequeño momento y detalle.

Julia dijo...

Mi querido amigo.
Por lo mismo que has comentado es por lo que sé que no es posible que exista.
Por desgracia sólo he sido testigo de una carencia total de justicia e inteligencia por parte de quien sea o de lo que sea.
No es fácil llegar más allá de las letras, ni siquiera cuando se conoce a las personas, pero mira, estoy de acuerdo contigo, cuando eso se consigue y uno se encuentra con lo que se espera encontrar, es una gran suerte y una enorme alegría.
Yo, contigo, he encontrado ambas cosas.
Gracias Charli.

Julia.