jueves, 13 de noviembre de 2008

Revolviendo en la buhardilla

Me invadió la nostalgia, no pude evitar que sucediera.
Abrí la puerta del refugio y, desde el umbral, intenté ver todo lo que en él se encontraba.
Poco podía ver, porque la sola luz de la chimenea me ofrecía una imagen difusa pero lo suficientemente acogedora como para que me decidiera a entrar.
Entré despacito, como quién no desea que se advierta su presencia y cerré con cuidado la puerta para que no golpeara.
La chimenea seguía encendida pero necesitaba atizarla un poquito y, tal vez, añadirle algún tronco.
Me senté en mi lugar preferido. Esa alfombra mullida y cálida frente al fuego y desde allí contemplé todos los regalos que me habían ofrecido y que, en forma de palabras, adornaban de muchas y diversas maneras la estancia.
Me sentía a gusto. Sí, muy a gusto, todo era armonía, como si una orquesta que, sin producir ninguna nota, creara una hermosa sinfonía.
No sé cuanto tiempo transcurrió pero algo hizo que saliera de ese ensimismamiento en el que me había sumido.
Algo me llamaba desde la parte de arriba del refugio, desde la buhardilla y, era tan insistente su llamada que no puede evitar levantarme y dirigirme hacia arriba.
Abrí la puerta y, allí estaban. Era algo increíble, era como redescubrir antiguas páginas de este lugar que había olvidado.
Reencontré escritos, comentarios, situaciones, sensaciones, recuerdos...
Reencontré antiguos cuadros formando imágenes a través de las palabras y palabras que se ofrecían como regalo a esas imágenes.
Reencontré el cariño de viejos amigos y la presencia de otros nuevos.
Era increíble, algo especial, era como revivir de nuevo esos instantes que, en su momento, me dieron serenidad, paz y, me ofrecieron la ocasión de comprobar que no estaba sola en el refugio.
Fue un momento especial, recorrí tiempos pasados, situaciones personales, tiempos difíciles y tiempos felices.
Cuando me sentí llena de paz, de esa paz que se respiraba en la buhardilla, bajé de nuevo para atizar la chimenea y decir a este pequeño refugio que ha hecho que me llenara de nostalgia pero que, por suerte, esa nostalgia ha conseguido que me sintiera feliz de haber subido allí.
No será la última vez que suba a visitar esa buhardilla.
Julia.

2 comentarios:

Pandora dijo...

¡Qué acogedor el entorno que describes!
De vez en cuando está bien desempolvar algunas cosas y echarles un vistazo, ¿no? Creo que nunca está de más.
Un beso.

Julia dijo...

Gracias Pandora.
No sé si lo habrás leído en alguno de mis comentarios pero por si no lo has hecho, te diré que, cuando abrí este Blog lo llamaba nuestro refugio, porque lo abrí un poco, bueno, bastante por mí, necesitaba de un lugar como éste, pero también lo hice pensando en que fuera eso, un refugio, un lugar acogedor donde reunirnos aquellos amigos de nuestra querida Abrecartas y ya veo que también para nuevos amigos.
Realmente resulta agradable desempolvar viejos escritos, releerlos porque, con el paso del tiempo, muchas veces les encuentras otra perspectiva.
Un beso.

Julia.