viernes, 14 de noviembre de 2008

Tapón

Se llamaba Tapón y era la mascota de mi hija. Un hámster ruso hembra a pesar del nombre que, cuando llegó a casa por primera vez, era muy arisco. Cuando se le sacaba de la jaula para que jugara un poco en un espacio más abierto, mordía como un descosido, una vez, hasta me hizo sangre en una mano pero era tan chiquito, tan tierno, parecía una pequeña bolita gris que después de regañarle (como si lo entendiera), no podías por menos de acariciarle de nuevo.
Poco a poco fue cambiando. Se acostumbró a que le sacaran a jugar y ya no mordía a nadie salvo cuando estaba en celo, es más, le encantaba corretear por nuestro cuerpo y pasar de mano en mano para que todos le mimaran.
Se volvió cariñoso, pero seguía siendo revoltoso y juguetón. No paraba quieto un segundo y cuando no estaba dando vueltas en su rueda, se dedicaba a hacer cabriolas por las barras del techo de la jaula o subir y bajar por los tubos que tenía en ella.
Más de una vez se nos escapó pero, aunque parezca mentira, aparecía cuando le llamabas mientras hacías ruido sobre la madera y decías “Tapón..., pan” y es que estaba acostumbrado a que cuando llegaba a casa a medio día, siempre le daba un trocito de corteza de pan mientras le decía: “Tapón, pan”, así que creo que por eso salió de su escondite al oírme decirlo.
Pero pasó el tiempo y, como todo el mundo, envejeció, se hizo más lento, ya casi no jugaba en la rueda y no trepaba para hacer sus cabriolas en las barras del techo de su jaula.
Se quedó “un pelín” sordo y nos dio mas de un susto porque se quedaba dormido todo estirado cuando lo normal es que lo hiciera hecho una bola y, como no oía bien, tenías que mover la jaula para que se enterara y viniera a comer de nuestros dedos esas pequeñas golosinas que tanto le gustaban: trocitos de lechuga, zanahoria, manzana, melón y su corteza de pan.
Tenía mucha edad para ser un hámster ruso ya que, según nos dijeron, era raro que llegara a vivir dos años.
Hoy era como cualquier día, le vimos caminar lentamente como ya era costumbre, subir y bajar recorriendo los dos pisos de su jaula, comer su trocito de corteza de pan, beber agua agarrándose al bebedero con sus patitas delanteras y esconderse entre el serrín.
Después de cenar me extrañó que no estuviera, como todas las noches, zascandileando por la jaula ya que estos animales tienen su mayor actividad en las horas nocturnas, así que me asomé para ver donde estaba.
Me sorprendió no encontrarle escondido entre el serrín y me extrañó que estuviera en la parte de arriba de la jaula metido en su caseta.
Le llamé porque no veía muy bien si se movía. Moví la jaula pero...,nada. Golpeé la pared de su caseta y no hubo respuesta..., Tapón nos había dejado
Tapón vivió más de dos años, casi podría decir que vivió dos años y cuatro o cinco meses, porque desconocemos el tiempo que tenía cuando llegó a casa.
No me avergüenza decir que lloré por Tapón pese a ser un hámster, porque era nuestro pequeño amigo, y le queríamos.
Julia.

6 comentarios:

Pandora dijo...

Siento lo de Tapón, Julia, pero ya sabes cómo son estas cosas... La verdad es que se les coge mucho cariño a estas pequeñas bolas de pelo (lo sé por experiencia) pero, en fin... c´est la vie!
Un beso.

larraitz con pompa dijo...

no sé ni quiénes sois tu hija y tú ni quién era tapón. pero te aseguro que sé del sentimiento del que hablas. no hay descripción acertada para dar con lo que queremos a nuestros animales. grandes o pequeños.
tapón buscó su sitio para dormir largo, porque sabía que así sería. y llora todo y más. llora los mares que hagan falta y luego sonrie porque tapón estaría encantado de ver esa sonrisa en vuestras caras. no sólo le queríais vosotros... él también.
TODO MI APOYO Y ÁNIMO

Julia dijo...

Gracias Pandora.
Era algo que no queríamos que pasara pero que, día a día estábamos viendo que de un momento a otro iba a suceder.
Es cierto, se les coge mucho cariños a, como bien has dicho, esas pequeñas bolas de pelo juguetonas, revoltosas, llenas de vida y cariñosas, pero, así es la vida..., aunque nos duela.
Un beso.

Julia.

Julia dijo...

Gracias larraitz con pompa, no sólo por visitarme si no por tu comentario.
Tapón era ya muy viejito y, además de sordo, ya casi no veía y estaba muy torpe, así que quizá fue lo mejor que le pudo ocurrir porque, ¿y si se cae y se rompe una patita?...
De todas formas, es algo increíble que una ser tan pequeñito pueda dejar un gran vacío, aunque bueno, no tan increíble, porque Tapón era para nosotros como uno más a pesar de ser un pequeño hámster, por lo que, como ya he dicho, no me avergüenza decir que lloré por él.
Tapón estará junto a nuestros otras queridas mascotas y, lo único que deseo es que, mientras estuvo con nosotros, fuera feliz, porque soy de esas persona que creen que los animales tienes grandes sentimientos por lo que también pueden sentir la felicidad o el abandono.
Gracias por tu apoyo y tu ánimo.

Julia.

AiLeoN dijo...

Una historia tierna y dura para ti.

Parece mentira, pero se le coge muchísimo cariño a esos animalitos.

Un beso amiga

Julia dijo...

Es cierto, parece mentira el cariño que se les puede coger y dar a esas pequeñas bolitas de pelo, a esos pequeños seres que no parecen mostrar ningún afecto pero que, si observas bien su comportamiento, te das cuenta que sí, que ellos también, de alguna manera, te entregan su cariño.
Un beso amiga Aileon