miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz 2009

Le queda muy poquito tiempo a ese año que, lentamente para unos y rápido para otros se termina.
Da la sensación de que no quisiera marcharse... Un día más..., un segundo más...
No voy a entrar en si fue bueno o malo. Digamos que, como a las personas, la vida hace a los años.
Pero este Viejecito se nos va y no voy a decir que me dé pena su partida, tampoco es que me alegre excesivamente pero pena no, pena no me da.
Es curioso... Celebramos la entrada de un Nuevo Año sin saber cómo se portará ese Niño que, en pañales, nos saluda. Y pienso: ¿Qué diferencia existe entre el último segundo y el primero para ser feliz o desgraciado?.
¡Madre mía!, lo siento. Creo que para ser un día de fiesta, alegría, esperanza, ilusión, me estoy poniendo demasiado “profunda de andar por casa” así que voy a dejar esas “profundidades” y desear a mis queridos amigos

- FELIZ AÑO 2009 -
Julia.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Afortunada

Hace un momento hablaba de lo afortunada que me siento y, en verdad, lo soy.
Opino que ser afortunado es disfrutar de lo que realmente se posee y saber renunciar a todas esos sentimientos que, como deslumbrantes bolas de cristal, se van formando con el soplido de nuestros sueños, de nuestras quiméricas ilusiones.
Siempre he pensado que, para sentirse bien con uno mismo, se debe tener un poquito de imaginación, una dosis de sueños, un buen chorro de esperanza pero, sobre todo, saber poner los pies en la tierra cuando esa mezcla tienda a evaporarse.
Dejar volar la imaginación, engañarnos con un sueño, poner nuestras esperanzas en algo, es fácil. Lo realmente difícil es reconocer cuando ese pequeño gran castillo que hemos ido creando poco a poco, se viene abajo al entrar una juguetona ráfaga de viento a través de la ventana de nuestra razón.
Realmente soy una persona afortunada porque, a pesar del tiempo, de mi tiempo, aún conservo la imaginación, los sueños, las esperanzas y, para poder controlarlos..., los pies sobre la tierra.

Julia.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Veintiocho de Diciembre

Hoy es un día muy especial para mí porque un día como hoy, hace años, recibí la más maravillosa “Inocentada” que una persona puede recibir. Un veintiocho de Diciembre nació mi hija. No voy a decir que guapísima, porque eso es algo que todas las madres pensamos de nuestras hijas, aunque de verdad lo sea. Lo que sí voy a decir es que, como persona, como ser humano, no podía ser mejor.
Tiene su carácter y un genio terrible, (herencia familiar paterno-materna), pero es generosa, tierna, responsable, cariñosa, defensora de sus creencias y una luchadora incansable contra la injusticia.
Pensaréis: Bueno, eso es pasión de madre, y es posible, pero a pesar de esa pasión maternal, sé reconocer sus defectos y sus virtudes... y mi hija es un ser humano excelente.
Realmente hoy es un día muy especial como también lo fue el día en que nació mi otro hijo. Y es en días como el de hoy que me doy cuenta de lo afortunada que soy.
Que es por ellos por lo que mi vida tiene sentido. Que ellos son la luz, esa luz que siempre alumbrará mi existencia.
Es por eso que especialmente hoy siento que soy una persona muy afortunada, una persona que lo posee todo, porque poseo lo más valioso que se puede tener en este Mundo: El amor, la compañía, el respeto, la comprensión de las dos personas que más me importan en esta vida: Mis hijos.

Julia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Mi primer Árbol de Navidad

La primera Navidad que recuerdo con detalle, resultó para mí algo inolvidable. Ahora pienso en ella como en algo cálido, con mucho amor.
Mi casa era muy pequeña, la vida prácticamente se hacía en la cocina. Allí se comía, se cosía, se leía, se jugaba a las cartas, en fin, era el salón de ahora.
Como ya he dicho, mi casa era tan pequeña que en estas fechas sólo se podía poner un pequeño, un diminuto Misterio, pero ese año, mi padre nos dio una sorpresa a todos.
Trabajaba enfrente de casa, en una gasolinera, y un amigo suyo camionero que transportaba pinos, le regaló uno muy pequeño, un pimpollo de pino precioso.
No sabía para qué le podría servir ese pequeño pino y su amigo le dijo:
-En las grandes ciudades, se ponen estos árboles como adorno de Navidad junto con los Nacimientos. Verás como le gusta a tu familia-.
Llegó a casa muy ilusionado al terminar el trabajo con su pequeño pino. A todos les gustó la idea, aunque al principio yo no lo entendí muy bien. Al día siguiente, mi madre hizo unos lazos con cintas y compró unos cacharritos de madera (cazuelas, sartenes, una caperucita, etc.) que vendían en los puestos callejeros. También hizo una estrella de cartón que forró con papel de plata. Ni que decir tiene que el árbol no tenía luces.
Pusimos el pequeño pino en un tiesto y lo adornamos entre todos, debajo del árbol colocamos el Misterio de todos los años.
Todos mis amigos fueron a casa para ver ese adorno tan bonito y nuevo que habíamos puesto y, por supuesto, a todos les encantó.
La noche de Nochebuena, después de cenar en familia, mis padres y mi tía se dispusieron a jugar al parchís conmigo y luego pensaban, como todos los años, jugar a las cartas. En ese momento llamaron a la puerta.
Eran unos vecinos que, al terminar de cenar, pensaron en visitarnos y ver el árbol adornado, trajeron golosinas y bebida, pero no fueron los únicos, en poco tiempo la cocina de mi casa se llenó de vecinos y amigos, todos habían traído algo para pasar un rato agradable juntos.
Empezaron las bromas, los juegos y los chistes. De pronto una vecina, que al parecer era muy religiosa, al acercarse la media noche, dijo que salía un momento. Todos pensaron que querría ir a la “Misa del Gallo”, pero no fue así.
Volvió enseguida con unas velas, de las que se ponían en las iglesias, cortadas en trocitos. Nos dio uno a cada niño y mi padre las encendió, apagó la luz y aquella cocina se llenó de luz de velas y de villancicos, “La Marimorena”, “Arre Borriquito” “Los Peces en el Río” “Rin Rin” y tantos y tantos otros villancicos de siempre acompañados por palmas, panderetas y el sonido de la botella de anís rascada con la cuchara...
Aquella pequeña cocina, esa Noche, parecía inmensa, llena de felicidad y armonía.
Creo que esa Nochebuena de hace muchos años, es una de las más hermosas que recuerdo. No la olvidaré mientras viva, aunque ya no estén mis padres para recordarla con ellos, como hicimos durante años después de la cena.

Amigos... FELIZ NOCHEBUENA.
Julia, Abrecartas 24 de Diciembre de 2002.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Un pequeño Zoo

Tenía tropecientas mil cosas que hacer esta tarde pero... ¡Imposible!.
Después de una mañana “salvaje” en el trabajo, de llegar a casa con un tremendo dolor de cabeza, terminar de preparar la comida, comer y recoger, lo que menos me apetecía era ponerme en plan “guardador de objetos olvidados”, para luego dedicarme a la dulce y adorable tarea de la limpieza, así que me dije: Ni de broma... ¡Este fin de semana!.
Tranquilamente busqué acomodo, me enrosqué como una serpiente, empecé a ronronear como un gato y acabé dormitando como un lirón... Total que en lugar de una habitación parecía un Zoológico.
El dolor de cabeza se me ha pasado pero las ganas de no hacer nada de nada... ¡ahí siguen!.
¡Mañana será otro día!.
Buen fin de semana amigos.

Julia.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

¿Porqué?

Aprendió a navegar por los mares del recuerdo con su buque hundido.
Supo controlar el silencio para formar con él una sinfonía.
Descubrió que podía viajar mientras, inmóvil, miraba las estrellas.
Controló las palabras incontrolables para escribir su poema.
Soñó que poseía el mundo mientras éste huía de sus manos.
Reconoció su debilidad mientras gritaba... ¡Adelante!.
Aceptó ser quién era, cuando lo que deseaba era reconvertirse.
Luchó por mantener un sueño aunque se le había negado soñar.
Sintió que aún podía vivir aunque parte de su porqué se hubiera marchado.
Y sucumbió al abrasarse en el fuego de su propia existencia.

Julia.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Llorar

Cuanto nos cuesta llorar y cuanto bien nos produce algunas veces hacerlo.
No siempre se llora por tristeza o por alegría. Algunas veces las lágrimas surgen sin comprender muy bien porqué, sin llegar a conocer cual fue realmente el detonante que hizo que brotaran.
Sin darnos cuenta, en un instante, sentimos una extraña sensación, una especie de ahogo. Como si nuestro corazón no pudiera más y necesitara abrir las compuertas para no desbordarse y lo hace a través de nuestros ojos.
Es un llanto sereno, sin histerias, sin dramas. Es como una necesidad del alma que dejamos resbale por nuestro rostro sin atrevernos, muchas veces, a enjugar.
Empieza suave, sin apenas enterarnos, pero acaba convirtiéndose en una pequeña catarata imposible de controlar.
Cuando el embalse de nuestro corazón llega a su límite de seguridad, cierra las compuertas y en nuestro interior sentimos una dulce sensación de alivio, como si parte de nuestros pesares se hubieran diluido dentro de esas lágrimas. En ese momento es cuando nuestro llanto cesa lentamente sin que seamos conscientes de ello.
Es una de las formas que tiene nuestro corazón para “recomponerse” y a la vez para reforzarnos y así, poder continuar nuestro camino hasta que, una inesperada crecida, obligue a que se abran nuevamente las compuertas.
Llorar... ¿Porqué no?

Julia.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Tarde de lluvia

La tarde se vistió de lluvia y, curiosamente, una debería sentirse protegida dentro de casa, contemplando como el viento hace que las juguetonas gotas de lluvia repiqueteen en los cristales, pero, no es así.
Ese insistente y monótono repiqueteo hace que me envuelva de nostalgia y me deje llevar por los recuerdos.
El viejo abeto que me acompaña desde siempre frente a mi ventana, mueve sus ramas como fantasmagóricos brazos queriendo ahuyentar los malos pensamientos que intuye a través de mis cristales.
Las gotas de agua se posan sobre él y las farolas encendidas hacen que esas gotas parezcan pequeñas lucecitas que intentan provocar el interés de mi mirada perdida en un mundo perdido.
La desgana se apoderó de mí y me siento incapaz de concentrarme ni siquiera para dar respuesta a tantos y tantos escritos que me han conmovido.
Contemplo la lluvia, el abeto, las luces de las farolas, la oscuridad de la noche más allá de ellas y la tímida Luna que busca su hueco entre los jirones de las nubes.
La música me envuelve y la tenue luz de la habitación crea un ambiente propicio para preguntas sin respuesta. Para falsas respuestas a aquellas preguntas que no me atreví a formular. Para alegres y doloridas miradas al pasado y para esperanzadas y vacías miradas al futuro.
Suavemente deja de llover, las últimas gotas que se asomaron a mi ventana dejan un surco que se rompe a cada paso, como mis pensamientos.
La Luna encontró su hueco y brilla, se esconde, vuelve a brillar, juguetea con mi mirada, quiere distraer mi atención hacia ella mientras parece decirme:
Despierta Julia. Abre los ojos del alma y contempla el mundo, tu mundo hoy.
Ese mundo en el que intentas que, día a día, sea lo que siempre deseaste para los tuyos.
Contempla cada instante en que ellos son felices y tú disfrutas con su felicidad.
Vive, aunque sea soñando..., vive.
Deja de sangrar por dentro. Restaña tus heridas con la luz de mis estrellas...
Despierta Julia, abre los ojos de tu alma... Despierta.
La música ha dejado de sonar, el té se ha quedado frío en la taza y mis gotas de lluvia han cesado como cesó la lluvia en mi calle.

Julia.

viernes, 12 de diciembre de 2008

De quimeras y despertares

Como cada noche se dejaba ir y así soñar que poseía un sueño.
Desnudaba el alma y le dejaba caminar, descalza, sobre un sendero de mullida hierba, sobre un camino de afilados guijarros.
Se sentaba en el filo de un desvarío y dejaba que las hojas, que revoloteaban a su alrededor, se posaran sobre ella acariciando y abrigando su desnudez.
Contemplando el infinito, abría los brazos para que la brisa se meciera en ellos, mientras que el rumor de un lejano y tranquilo mar le susurraba dulcemente antes de romper, impetuoso, contra los acantilados.
El alma, su alma, se dejaba envolver por el misterio, al mismo tiempo que la luz de la luna creaba para ella una alfombra de seda donde reposar mientras espera el beso de la noche y el estallido en sus entrañas del fulgor de mil estrellas.
Todo era irrealmente real.
Todo era una verdadera fantasía.
Todo era...
Pero, también, todo tenía un final. Y aquella ilusión, aquella quimera, se convertía en cenizas en la hoguera del despertar.

Julia.

jueves, 4 de diciembre de 2008

No me olvide ni de vosotros ni del Blog

Buenas noches.
Lo siento, sé que llevo unos cuantos días sin actualizar pero, al menos, no ha sido por ningún problema de enfermedad, ha sido porque:
1º Por la mañana, el curro durante estos días ha sido “impresionante”, de los que marcan época y digo bien, marcan época porque el tema no está como muy boyante que digamos.
2º Por la tarde, tenía muchas cosas personales pendientes y... esas..., como que eran demasiado importantes, porque forman parte de esos momentos especiales con la familia, los amigos...
3º Porque, cuando llegaba a casa, estaba tan cansada, tan hecha “polvo” que no podía escribir ni una letra pero, a la vez, tan satisfecha, tan feliz que, egoístamente no me importaba.
Esta noche es un poco especial. Mañana empiezo unas cortas vacaciones y bueno, no es que quiera dar envidia ya que, si aún tengo días, es porque me he pasado el verano “currando” como una leona, así que, aún me quedan vacaciones, éstas y otros siete días más.
Lo que ocurre es que no quería que pasara más tiempo sin estar con vosotros, aunque este fin de semana nos vamos, mis hijos, sus parejas y yo, unos días fuera, pocos pero..., intensos.
Buen fin de semana largo para todos y, por favor, no os olvidéis de ser siempre felices, hagáis lo que hagáis.
Un beso.
Julia.