sábado, 13 de diciembre de 2008

Tarde de lluvia

La tarde se vistió de lluvia y, curiosamente, una debería sentirse protegida dentro de casa, contemplando como el viento hace que las juguetonas gotas de lluvia repiqueteen en los cristales, pero, no es así.
Ese insistente y monótono repiqueteo hace que me envuelva de nostalgia y me deje llevar por los recuerdos.
El viejo abeto que me acompaña desde siempre frente a mi ventana, mueve sus ramas como fantasmagóricos brazos queriendo ahuyentar los malos pensamientos que intuye a través de mis cristales.
Las gotas de agua se posan sobre él y las farolas encendidas hacen que esas gotas parezcan pequeñas lucecitas que intentan provocar el interés de mi mirada perdida en un mundo perdido.
La desgana se apoderó de mí y me siento incapaz de concentrarme ni siquiera para dar respuesta a tantos y tantos escritos que me han conmovido.
Contemplo la lluvia, el abeto, las luces de las farolas, la oscuridad de la noche más allá de ellas y la tímida Luna que busca su hueco entre los jirones de las nubes.
La música me envuelve y la tenue luz de la habitación crea un ambiente propicio para preguntas sin respuesta. Para falsas respuestas a aquellas preguntas que no me atreví a formular. Para alegres y doloridas miradas al pasado y para esperanzadas y vacías miradas al futuro.
Suavemente deja de llover, las últimas gotas que se asomaron a mi ventana dejan un surco que se rompe a cada paso, como mis pensamientos.
La Luna encontró su hueco y brilla, se esconde, vuelve a brillar, juguetea con mi mirada, quiere distraer mi atención hacia ella mientras parece decirme:
Despierta Julia. Abre los ojos del alma y contempla el mundo, tu mundo hoy.
Ese mundo en el que intentas que, día a día, sea lo que siempre deseaste para los tuyos.
Contempla cada instante en que ellos son felices y tú disfrutas con su felicidad.
Vive, aunque sea soñando..., vive.
Deja de sangrar por dentro. Restaña tus heridas con la luz de mis estrellas...
Despierta Julia, abre los ojos de tu alma... Despierta.
La música ha dejado de sonar, el té se ha quedado frío en la taza y mis gotas de lluvia han cesado como cesó la lluvia en mi calle.

Julia.

2 comentarios:

Pandora dijo...

La nostalgia se ha apoderado también de mí (mientras leía tu escrito). Se me ocurría que la situación era de lo más propicia para no vivirla sola, yo la imaginaba de otra forma para consolarme de esa nostalgia: todo igual pero en lugar de estar sola, en compañía, un amigo, una amiga, dos copas, una botella de vino, una conversación trascendental o un simple decir tonterías... Creo que esto hubiera convertido la situación en otra cosa, ¿no?

Julia dijo...

Las situaciones se pueden imaginar de muchas formas pero se deben vivir tal y como nos llegan y eso es algo imposibles de prever.
Si algo así se pudiera prever, es posible que muchas de las cosas que ocurren no sucederían pero, ya ves, ocurren y muchas veces, el que sea así, tal vez nos ayude a conocer un poco mejor nuestros sentimientos, nuestros pensamientos.
Es cierto que en algunos momentos una buena compañía, una charla, una copa de vino o un café reconforte pero...
¿Porqué no nos puede reconfortar el intentar mirarnos y conocernos un poco por dentro?

Julia.