lunes, 5 de enero de 2009

Compras de Reyes

Por fin había terminado las últimas compras de Reyes. Era tarde, la temperatura estaba bajo cero, iba cargada de bolsas repletas de paquetes, tenía frío y le dolían los pies, pero a pesar de todo, Celia se encontraba feliz, había conseguido comprar todo lo que quería y ahora se dirigía a una cafetería próxima para darse un descanso tomando un café bien caliente.
Entró y, a pesar de las fechas, enseguida encontró una mesa libre. Se quitó los guantes, el abrigo y se sentó. De inmediato llegó el camarero, pidió un café con leche y se dispuso a comprobar los resguardos de las compras.
Había gastado bastante más de lo que tenía pensado. El regalo de su marido resultó ser muy caro, pero ella sabía cuanto deseaba él ese "pequeño capricho", así que no le importó el precio.
Cuando llegó el camarero con la consumición, pagó la cuenta en el acto. Así, pensó, podría marcharse sin tener que estar pendiente de que vinieran a cobrar.
El café estaba delicioso. Con el primer sorbo se sintió reconfortada. Le gustaba esa cafetería por el buen café que servían y por que había un ambiente cálido y confortable.
Cogió una de las bolsas y sacó de ella un pequeño paquete. Era el regalo que se había hecho a sí misma por haber conseguido comprar en una sola tarde todo lo que faltaba. El regalo consistía en un libro que había estado buscando desde hacia tiempo y que, por fin, consiguió encontrar en esa pequeña tienda de compraventa de libros.
Había desenvuelto el libro y se disponía a hojearlo cuando tuvo una sensación extraña. Notó como si alguien la estuviera mirando fijamente.
Levantó la cabeza y recorrió con la mirada el local. Al mirar hacia la barra, se quedó helada. ¡No podía ser!. ¡No estaba en la ciudad!, pero se equivocaba, estaba. Su peor pesadilla se encontraba frente a ella, con esa mirada burlona y sonriéndole con descaro. Al encontrarse sus miradas, él hizo un ademán de saludo con la cabeza al mismo tiempo que levantaba el vaso y su sonrisa se hizo más expresiva.
Celia era incapaz de reaccionar, por poco se le cae el libro de las manos, ¡Dios!, pensó, ¡que no se acerque!. Con gran esfuerzo consiguió que su cara no cambiara de expresión, moviendo a su vez la cabeza en forma de saludo.
Intentó concentrarse nuevamente en el libro. Pasó una y otra vez la vista por las hojas, pero no era capaz de leer ni una sola de las palabras que contenía.
Su primer pensamiento fue el de terminar el café rápidamente, recoger los paquetes y marcharse de allí en ese mismo instante. Pero gracias a su fuerza de voluntad, respiró profundamente y se dijo, ¡No!, tómate tranquila el café. Disfruta de él. Descansa. No eres tú, precisamente, quien tiene que irse. No tienes porque huir, no hay nada que debas reprocharte, así que, con el mayor aplomo del que pudo hacer acopio, siguió sentada pasando la mirada por el libro.
¡Buenas tardes Celia!. Al oír esas palabras Celia sintió cómo si se abriera la tierra bajo sus pies, pero demostrando una serenidad que estaba muy lejos de sentir, levantó la cabeza y se enfrentó a su interlocutor.
Buenas tardes, ¿cuanto tiempo?, contestó sin saber que otra cosa decir.
Sí, mucho tiempo, contestó él, demasiado, casi dos años. He llegado hace unos días, ya sabes, por las fechas y puedo asegurarte que éste es el mejor de los encuentros que podría desear.
¡Gracias!, contestó escuetamente Celia.
¿Puedo sentarme?, preguntó él.
Verás, me marchaba en este mismo momento, se me ha hecho muy tarde y tengo muchas cosas que hacer aún, así que, si no te importa, prefiero que no lo hagas.
No has cambiado en nada, dijo sentándose sin hacer el menor caso de las palabras de Celia. Bueno, físicamente, tal vez un poco, pero creo que el cambio ha sido para mejorar, si me permites que lo diga. Pero tu genio, ese no ha cambiado en absoluto. Presiento que sigues teniendo un genio endiablado.
Celia se estaba enfureciendo por momentos. ¿Es qué había olvidado lo que hace años le dijo?. ¿Es qué no le importaba que sus últimas palabras hubieran sido, ¡déjame en paz!, ¡no quiero saber nada de ti nunca más!?. ¿Es qué no quería reconocer que entre los dos nunca habría nada, que ella era una mujer casada?. ¿Es qué en su vocabulario no existía la palabra fidelidad?.
Bien, dijo Celia levantándose, me alegro de haberte encontrado y ver que estás bien, pero tengo que marcharme ya.
Como quieras, dijo él, pero al menos déjame que te invite a lo que has tomado y que te acompañe hasta el coche, veo que llevas muchos paquetes.
No, no, gracias, contestó Celia levantando la voz sin darse cuenta. Ya he pagado y puedo sola con los paquetes. Los he traído sola hasta aquí, así que podré llevarlos hasta el coche sin ningún problema. Gracias, pero prefiero irme así, sola. Buenas tardes, dijo esbozando una sonrisa y extendiendo la mano en señal de despedida.
De acuerdo, contestó él sin perder ni la calma ni la sonrisa. ¿Nuevamente huyendo?. Tomó la mano de Celia, la cual retuvo entre las suyas más tiempo del que ella hubiera deseado y acercándose lentamente le dio un beso en la mejilla.
El corazón de Celia parecía que quería salirse del pecho. Tenía el pulso acelerado, pero demostrando su gran fuerza de voluntad, se puso el abrigo sin dejar que él la ayudara. Recogió todas las bolsas y con una sonrisa, le dijo: Bueno adiós, hasta otra, y salió del café pidiendo a Dios que las piernas no le fallasen, no tropezarse y salir airosa de esa situación.
Las bolsas que antes pesaban tanto, ahora las sentía ligeras. Sus pies parecían volar por las calles de la ciudad. Estaba deseando llegar al coche, allí se sentiría segura de nuevo.
Cuando llegó al aparcamiento donde había dejado el vehículo, respiró profundamente, pagó la tarifa correspondiente, y al llegar a él, metió las bolsas en el maletero, entró en el coche lo puso en marcha y aceleró para salir de allí lo más rápidamente posible.
Nada mas salir del aparcamiento, se fundió con el bullicio de la ciudad, las luces navideñas, los coches, los semáforos, los peatones que pasaban por cualquier sitio, sin mirar...
Pero ella quería salir de allí, de todo ese tumulto, necesitaba un poco de tranquilidad.
Al llegar a un lugar solitario, detuvo el coche y abrazada fuertemente al volante, se puso a llorar mientras pensaba en voz alta: ¿Por qué has tenido que volver?, ¿por qué?, ¿por qué?. ¿Es que no te das cuenta que cada vez que te veo lucho por ocultar mis sentimientos y tener que decir siempre que no?. ¿Es qué nunca vas a dejarme vivir en paz?...
¿Por qué?.

Julia, a 3 de Noviembre de 2003

8 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

la magiadel buen relato es que nos trnsporte al lugar y al sentir. que nos espeje sensaciones o nos revele nuevas.
con tus letras he bebido café _q nunca bebo_ he acelerado mi corazón huyendo de la tentación y he detenido para llorar el coche q no tengo.
gracias por este rincón con celia...

Julia dijo...

Muchas gracias Larraitz.
Si hay algo que reconforta es saber que, de alguna manera, lo que se ha escrito ha sido capaz de transmitir lo que al hacerlo se deseaba.
Celia es mi personaje. Es un personaje al que tengo mucho cariño, digamos que, en ocasiones, es “alguien” muy especial para mí.

Julia.

AiLeoN dijo...

Querida Amiga,
He leído este relato, que me imagino que tanto significa para ti, unas cuantas veces, y realmente no sé que comentarte...

Me parece un relato maravilloso, en cuanto a forma y contenido. En serio, Celia es un personaje muy especial, que transmite muchísimo. Espero poder seguir leyendo más sobre la vida de Celia...

Sólo le veo un fallo. Espero que no te moleste ;) Y es que se me ha hecho corto, y me hubiera gustado leer más...

Me ha encantado...

Un beso amiga,
Aileon

Julia dijo...

Amiga Aileón.
Como bien dices, realmente es un relato y Celia es mi personaje, digamos que, de momento, es el único que tengo y que quiero.
El personaje de Celia es muy especial para mí porque ella es una veces mi personaje, cono en este caso y otras veces es una parte de mí, es decir Una veces vivo sus imaginarias aventuras y otras, es ella la que ríe o llora a través de mí. En este caso en particular, es un personaje con el que me he sentido cómoda introduciéndome en su piel.
Jajajajaja, me ha encantado que encontraras ese fallo en el escrito y, para nada, me molesta, es más, me resulta muy grato.
Un beso querida amiga y, de nuevo, gracias.

Julia.

Pandora dijo...

Como cada vez que leo uno de tus relatos, he quedado maravillada. Admiro mucho la capacidad que siempre tienen tus palabras de trasladarme a los lugares, junto a los personajes y en los momentos que describes, es genial.
Espero pronto una actualización.

Aileon dijo...

Amiga Julia,
Paso a dejarte un saludo.

Cuídate!

Julia dijo...

Aunque con muchísimo retraso, paso a darte las gracias por tus siempre amables comentario a mis escritos.
Realmente resulta muy grato y estimulante recibir comentarios como el tuyo.
Gracias Pandora, muchas gracias por estar siempre presente en este refugio.
Un beso.

Julia.

Julia dijo...

Amiga Aileón.
Gracias, muchas gracias por volver a mi pequeño refugio a pesar de mi absurda ausencia.
Leer que has vuelto a pesar de mi silencio es para mí algo muy importante, gracias.
Un beso y por favor, cuídate tú también porque eres especial.
Un beso.

Julia.