miércoles, 11 de febrero de 2009

Hoy, 11 de Febrero de 2009

Esta mañana amaneció fría, bajo cero.
El pasar el puente hizo que aún fuera más desapacible.
El fino viento se colaba por cualquier resquicio de la ropa obligándonos a embozarnos bien en abrigos y bufandas pero, al mismo tiempo, nos ofrecía un interesante espectáculo: Un río ondulante, lleno de pequeñas crestas que se movían de forma sinuosa cuando el viento soplaba.
Los patos, acurrucados entre los árboles y arbustos de la orilla, parecían no tener cabeza. Unos con su blanco plumaje meciéndose con cada ráfaga, mientras que otros, debido a su color, se difuminaban con el paisaje.
Aún era de noche mas, a medida que fue avanzando el día, el sol consiguió que, a pesar del viento y el frío, la mañana se volviera alegre y luminosa.
La temperatura no había subido mucho pero la presencia del sol hacía que todo pareciera más cálido.
La tarde se tornó gris. Un cielo plomizo amenazaba y la melancolía se abrió paso.
La noche despertó serena pero tristemente envuelta en esa melancolía, tan poderosa, que desterraba cualquier recuerdo de los rayos de sol de la mañana.
La luna empieza a esconderse lentamente. Como cada ciclo juega al escondite mientras, sin atreverse a preguntar, nos observa.
Buenas noches.

Julia.

4 comentarios:

Aileon dijo...

Me encanta.
Siempre es un placer leerte...

Besos amiga!

charli dijo...

Cuando estoy en la casa que tengo en León, algunos de los momentos más plácidos, me los da el simple hecho de doblar la esquina de mi propia casa (qué cerca tenemos, a veces, otro mundo). Hace unos años, cuando aún quedaban viejos en el pueblo, me encantaba sentarme con ellos a las puertas de las casas. Esa estampa típica de después de cenar, cuando la dureza del clima de León se suaviza por unos breves días en verano. Me encantaba sentarme con la espalda pegada a la pared, notando el calor que aún permanecía, resto del sol abrasador de las horas de luz, notando cómo iba decayendo la conversación, poco a poco hasta el siempre repentino, y esperado, vamos a la cama. En fin, que ahora no quedan viejos y esas escenas y vivencias son merecedoras de más atención que este comentario.
Decía antes de irme por las ramas que, en esas noches de verano, suelo doblar la esquina de mi casa y, sólo con esa media docena de pasos, salgo de la vista de una carretera iluminada y la visión de los restos de un pueblo que se muere, a la increíble (de verdad increíble) visión de un cielo cuajado de estrellas, en el que no cabe ni una más. Se las ve titilar, cambiar de colores, sus diferentes intensidades. Parece que hablan. Qué maravilla de mundo sólo al doblar la esquina.
Puede parecer que poetizo una situación más o menos banal, y así puede ser, pero no creo. Sencillamente lo que ocurre es que, por ese lado de la casa (es la última del pueblo) ya no queda ninguna farola de las del pueblo. Además, la casa, por ese lado está encerrada por una ladera abrupta de arcilla con cubierta vegetal y, posteriormente, sólo hay un bosque de pinos, castaños y algún roble. Desde la pequeña calleja de ese lado de la casa, sólo se puede ver el cielo y es acojonante.
La luna sale por ese lado también pero, claro, al estar encerrada en una ladera la casa, cuando se empieza a ver la luna, ya está crecida y en su plenitud de luminosidad. Cuando hay luna llena y las condiciones son adecuadas, se ve salir una luna llena, roja y grandísima (realmente muy grande), que en pocos minutos pasa a ser el faro más luminoso de todas las costas. Tal vez sólo haya visto esto, cinco, tal vez seis veces en mi vida, aún así, como supongo que queda patente, son momentos inolvidables.
Bueno, vale, que ya ni sé de qué iba tu escrito. Como siempre, termino dispersándome. Tal vez vuelva a escribir, parece que vuelvo a "rejuntar" palabras y, además, parece que me gusta. Tengo ganas de decir cosas.
Bueno, ya veremos.
Un beso Julia, buenas noches.

Julia dijo...

Gracias Aileon.
Siempre es un placer encontrarte por este refugio.
Un beso amiga mía.

Julia.

Julia dijo...

Mi querido amigo.
Me alegra encontrarte con ganas de escribir, relatar y volver a darnos esa parte de ti que siempre esperamos.
Tu comentario, más que un comentario es una entrada a lo grande, una estupenda narración que me ha encantado y con la que he disfrutado.
Me ha encantado toda ella pero, sobre todo, me han entrado unas ganas enormes de estar allí, mirando el “Faro más luminoso de todas las costas”, porque realmente tiene que ser algo inolvidable y espectacular.
No importa que, al final, no supieras de que iba el escrito, lo importante es lo que has narrado y que vuelvas a “rejutar” palabras para ofrecernos esta experiencia.
Un beso Charli y buenas noches también para ti.

Julia.