lunes, 27 de abril de 2009

Frío

La casa está cálida, vuestras visitas, vuestras palabras hacen que sea así, cálida y confortable.
Vosotros atizáis las llamas y la leña crepita creando una melodía mágica para mis oídos mas...
¡Siento frío!.
Desde hace unos días siento frío incluso aquí, en este lugar creado para abrigar, proteger, refugiar...
Es por eso que hoy no estoy dentro del refugio. Me encuentro sentada en la puerta y, a pesar de que la temperatura no es agradable, prefiero seguir aquí, tal vez así, sintiendo como mi cuerpo se enfría más y más a cada momento sea capaz de lograr que mi interior parezca más cálido.
-Tienes las manos frías- parece que me susurra el viento.
-Sí, y los pies se le han quedado helados por salir descalza- le responde la tierra.
El atardecer parece querer convertirse en esa manta que me arrope hasta que llegue la noche y, de nuevo, me envuelva con su cálida oscuridad.
No soy capaz de escuchar los sonidos que, en otros momentos me arrullaban a través de la ventana abierta mientras sentada en el sillón dejaba volar mi espíritu.
Ahora escucho únicamente los broncos sonidos que se han acomodado dentro de mí sin la menor intención de alejarse.
Quisiera hablar con el buhonero. Contarle que el refugio necesita una remodelación. Que es necesario quitar algunos cuadros que han perdido sus vivos colores y cambiarlos por otros brillantes o, mejor aún, por espejos que sólo reflejen la luz. Pero el buhonero se encuentra lejos, muy lejos, porque no escucho el tintineo de sus cascabeles.
Quiero imaginar que se encuentra abriendo otros refugios donde la magia aún pueda sentirse.
Sí, hace frío pero yo, aún, necesito que haga más, mucho más, tal vez así, pueda sentir de nuevo calor en mi interior.

Julia.

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