viernes, 29 de mayo de 2009

Pequeños grandes momentos

Desde hace días entro, leo y pienso que tengo que escribir algo.
Me pongo en marcha y todo se queda ahí, a medias, porque me atasco y, al final no soy capaz de llevar nada a buen término.
El otro día escribí de un tirón un poema, poema que, casi en el mismo momento de terminarlo, le pasé a un amigo para que me comentara.
Tremendo, el comentario fue de lo más desesperanzador, bueno, tampoco tanto como para llamarlo así pero sí me dejó un tanto “fuera de juego”.
Es deprimente, me dijo. Deprimente, triste, derrotista pero bueno... ¿cuándo vas a escribir algo que me haga sonreír?.
Joooo..., la verdad es que el poema sí era un poco derrotista pero creo que lo escribí un poco como un revulsivo propio o tal vez propio y ajeno.
Total que ahí se quedó, aunque en cualquier momento voy y lo planto aquí.
Esta tarde, mientras escuchaba el silencio de la casa y la música que era como un fondo perdido dentro de mis oídos, recordé esos pequeños detalles que se quedan en lo más profundo de nosotros y que son esos recuerdos de una infancia que te hacen sonreír.
Recordé un precioso vestido de color amarillo que, por desgracia, llevaba como complemento unos “pololitos” cosa que, en aquellos años, se llevaban un montón y cómo esos tan odiados “pololitos” un buen día...
La última brecha que me hizo el niño más bruto del barrio y como, ese día, dejó de ser el mas temido por el resto de los niños porque...
De cómo me hice un tremendo esguince al caerme de un árbol cuando se rompió la rama mientras comíamos fruta y como me lo arregló el padre de mi amiga que no era precisamente médico sino...
Los Jueves por la tarde que, como no teníamos clase, venía un vecino a jugar a casa y como, mientras escuchábamos un programa infantil que daban por la radio, jugábamos a indios y vaqueros y el pobre...
La reacción de Charo, una niña que era de Huelva y vino a pasar unos días a mi Ciudad, cuando vio por primera vez en su vida la nieve y como...
De la querida Sra. Petra, una ancianita “tamaño familiar” que me enseñó, entre otras muchas cosas, el gusto por escribir cartas...
Esas “cartas” que escribía mi padre a los Reyes Magos en las que pedía para mí un arco y unas flechas con ventosa, una diana para tirar con el arco, unas plumas de indio, un cuchillo de goma y es que, mi padre, pensaba que no por ser niña no se podía...
Mi pierna escayolada y el berrinche que pillé cuando me dijeron que ya me la tenían que quitar porque en ella tenía...
De cómo me quedé sin poder ir a bailar a Francia con el colegio por rodar las escaleras al empujarme una compañera y claro...
De..., en fin de tantas y tantas cosas que, no sé porque, me da la impresión que, cualquier día empiezo a contaros con más detalle.

Julia.

4 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

querida julia,
igual que la transparencia no clara sino velada, es la insinuación lo que nos tienta. los primeros acordes de una canción que silencian e intentamos seguir tarareando para dar con el título. el aroma que dejó en la estancia alguien que la dejó hace un rato.
tus relatos con tijeretazo son en sí mismas historias que seguimos construyendo en nuestra cabeza sin temor a no ser lo que ocurrió porque nos vale así. nos das y participamos.

por otro lado, en cuanto a lo de tu poema deprimente...
ya te dije que mi escritura es mi jarabe. si sonrío lo plasmo pero es cuando duele o no broto cuando más visito el teclado. y si sale triste, derrotista o subterráneo no me asusta ni lo borro. es lo que soy. lo que hay. al fin y al cabo todos sabemos que vivir no es todo danzar.
así que si lo que surge de tu pluma es niebla o llanto no frenes tus manos. que no te detenga pensar que asusta tu estado. es lo que eres en ese instante. o lo que sientes en el momento.
recuerda lo que dijeron tu hijo y su novia.
y si te asusta, piensa que es mejor que salga y quede en tinta a que te tiña de negro tu interno.

sea cual sea el formato siempre serás. y eso gusta. al menos a mí y a las pompas.

gracias a tu valor, hoy hemos disfrutado de esos pequeños grandes momentos.

Julia dijo...

Mi querida Larraitz.
Si los retazos de esos pequeños-grandes momentos han servido para que alguien cree una continuación y un final de ellos a su modo, creo que he conseguido algo muy importante, especial, porque aunque, pos supuesto yo conozco todos los finales, el que hayan motivado esos instantes de continuidad sin saber pero, presintiendo, me alegra infinito.
Como he comentado, tal vez, algún día, de continuidad a algunos de ellos y así, podremos comparar la realidad con eso tan maravilloso que es capaz de crear la imaginación.
Algunas veces mis escritos sonríen y es porque yo sonrío. Otras veces sufren y, en algunos momentos es porque yo sufro en cambio, otras veces es porque necesito escribir y eso es lo que mi ánimo me provoca.
Sé que sea cual sea mi “formato” tengo en ti y en tus pompas un campo abierto donde poder abrirme y continuar.
Gracias a ti, amiga, por disfrutar de mis pequeños-grandes momentos porque opino que la vida de una persona está basada en esas pequeñas-grades vivencias que son, unas veces gratas y otras veces duras pero que son y serán parte de nuestras vidas.
Un beso.

Julia

Pepa dijo...

hola Julia: he conocido tu blog a traves de Larraitz . Me gusta que escribas lo que sientes , cada cosa a su tiempo, hay momentos donde nos sentimos con paz, con alegria, deprimidas o simplemente aburridas, aunque esto jamas me pasa a mi,no tengo tiempo. Son muy tiernas tus palabras. Encantada de conocerte
Pepa

Julia dijo...

Hola Pepa.
Gracias por pasarte por este pequeño refugio.
Me gusta escribir no solo lo que pienso o siento, si no lo que imagino o sueño.
Yo también puedo sentirme de muchas maneras pero, al igual que tú, jamás aburrida, no tengo tiempo para eso.
Gracias también por considerar tiernas mis palabras y, de verdad, yo también estoy encantada de conocerte.

Julia.