lunes, 21 de diciembre de 2009

Vencer el miedo

La noche anterior había estado nevando y, de madrugada, una fuerte helada convirtió esa nieve en una pista de patinaje.
Esa mañana salí temprano y, por el camino, una señora de bastante edad estaba haciendo malabares para no caerse.
A pesar de que desde el principio andaba con todo el cuidado del mundo para no resbalar, al verla eche a correr para sujetarla y que no se cayera y, al final, ella permaneció de pie y la que se fue al suelo fui yo.
En un principio me dio la risa porque la patinada fue tremenda y, al levantarme no sentí ninguna molestia.
Al cabo de unas horas noté que mi brazo se negaba a obedecerme y empezaba a quedarse doblado sin remisión.
Acabé en urgencias donde me dijeron que tenía rota la cabeza del radio, bueno, más bien la frase fue “tiene usted la cabeza del radio hecha polvo”.
Tardé meses en recuperar la movilidad total del brazo y me costó un montón de sacrificio, esfuerzo y como no, un montón de lágrimas conseguirlo ya que, los médicos se empeñaban en operarme, quitarme mi codo y ponerme uno de plástico, eso sí, yo podía escoger en que posición quería el brazo para siempre y, como no les dejé, se olvidaron de mí.
Todo esto os lo cuento porque fue algo que me dejó un trauma tan tremendo que, durante mucho tiempo, mejor dicho, hasta hoy, el hecho de que en la calle haya nieve, hielo o esté resbaladiza me produce un pánico enorme hasta el punto que, en ocasiones me quedaba en medio de la calle paralizada por el miedo.
Hace unos pocos días, al cruzar un paso de peatones, me resbalé de nuevo con las “dichosas rayas blancas” y me fui al suelo como un sapo.
Me destrocé las rodillas, bueno, una más que otra, me hice daño en las muñecas y desperté de una forma brutal la ciática de mi pierna.
Hoy ha ocurrido como aquel día, había nevado pero, esta vez no heló, lo que hizo que las calles fueran en su mayor parte un resbaladizo barrizal.
Mis hijos me dijeron al levantarse que no saliera, no fuera a ser cosa y en un principio decidí hacerles caso pero luego pensé que si no era capaz de salir, me convertiría en una “traumatizada de los resbalones” y decidí salir a la calle.
Me imagino que mi forma de andar resultaba de lo más cómica pues seguro que parecía un pato y es que el miedo me obligaba a caminar como si cada uno de mis pies fuera una apisonadora.
Tardé una eternidad en comprar el periódico y el pan y creo que nunca le agradeceré lo suficiente al panadero que barriera la acera desde la calzada hasta la puerta de la tienda.
Tenía que hacerlo. Tenía que vencer ese miedo que me paralizaba porque si no, sería algo traumático el salir a la calle cada vez que nevara.

Julia.

3 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

se dice que conviene hacer al día algo que nos dé miedo. esa superación es la que nos da fuerza y con la que crecemos.
sobre la nieve y a paso de pato, querida julia, has crecido.
enhorabuena, valiente!

larraitz con pompa dijo...

que te visito... aunque no quieras hablar, sé que estás. así que nuestro ánimo y bss!

larraitz con pompa dijo...

seguimos asomándonos. no te dejamos, querida julia