El otro día y, sin mediar “palabra”, mi ordenador del trabajo decidió abandonarme.
¡No me reconocía!..., después de tantos y tantos años juntos, yo era para él una desconocida, había decidido perder mi maravilloso perfil, como si de una antigua fotografía se tratara.
¡Nooooo!.... Viejo, no puedes hacerme esto, le grité primero para más tarde hablarle bajito, susurrándole con mimo, casi, casi hasta acabé suplicándole.
Pero todo resultó inútil, me había abandonado y parecía que era para siempre. Había dejado a mi suerte el que pudieran perderse trabajos, información y contactos.
Le metía mucha caña, es cierto. Le daba tralla desde primera hora de la mañana hasta la hora de comer pero, él, siempre me había respondido fielmente, sin protestar.
Creo que llegó un momento en el que se fue sintiendo viejito y no tuvo el valor de avisarme. Lo hizo justo el día anterior en el que me dio la primera señal de alarma cuando le cerraba al terminar la jornada.
Tarde, demasiado tarde, pensé al intentar abrirle al día siguiente y no obtener ninguna respuesta. Seguro que nada se puede hacer pero, con el deseo, la esperanza de que pudiera haber una solución, hice la llamada de S.O.S.
Después de una lucha de varias mañanas, de cambios y modificaciones, de borrar, transferir y demás volvió conmigo, mejor dicho con un nuevo perfil mío, un tanto modificado, eso sí.
Tendré que acostumbrarme a su renovada imagen, a algunos de sus nuevos formatos pero, por suerte, se portó como un jabato y, prácticamente, no me perdió nada importante.
Creo que, de ahora en adelante, estaré un poco más atenta, le vigilaré más de cerca, de vez en cuando le tomaré la temperatura y comprobaré que no tenga atascos y, si los empieza a tener, pues nada, le daré un depurativo o laxante para PC y llamaré a su técnico.
Parece mentira que se pueda acabar cogiendo cierto cariño a una máquina que, en ocasiones te desespera y a la que le dices alguna que otra peste cuando te deja colgada pero, así es... Será una máquina pero son demasiadas horas juntas en las que hemos aguantado tantos y tantos buenos y malos momentos.
¡No me reconocía!..., después de tantos y tantos años juntos, yo era para él una desconocida, había decidido perder mi maravilloso perfil, como si de una antigua fotografía se tratara.
¡Nooooo!.... Viejo, no puedes hacerme esto, le grité primero para más tarde hablarle bajito, susurrándole con mimo, casi, casi hasta acabé suplicándole.
Pero todo resultó inútil, me había abandonado y parecía que era para siempre. Había dejado a mi suerte el que pudieran perderse trabajos, información y contactos.
Le metía mucha caña, es cierto. Le daba tralla desde primera hora de la mañana hasta la hora de comer pero, él, siempre me había respondido fielmente, sin protestar.
Creo que llegó un momento en el que se fue sintiendo viejito y no tuvo el valor de avisarme. Lo hizo justo el día anterior en el que me dio la primera señal de alarma cuando le cerraba al terminar la jornada.
Tarde, demasiado tarde, pensé al intentar abrirle al día siguiente y no obtener ninguna respuesta. Seguro que nada se puede hacer pero, con el deseo, la esperanza de que pudiera haber una solución, hice la llamada de S.O.S.
Después de una lucha de varias mañanas, de cambios y modificaciones, de borrar, transferir y demás volvió conmigo, mejor dicho con un nuevo perfil mío, un tanto modificado, eso sí.
Tendré que acostumbrarme a su renovada imagen, a algunos de sus nuevos formatos pero, por suerte, se portó como un jabato y, prácticamente, no me perdió nada importante.
Creo que, de ahora en adelante, estaré un poco más atenta, le vigilaré más de cerca, de vez en cuando le tomaré la temperatura y comprobaré que no tenga atascos y, si los empieza a tener, pues nada, le daré un depurativo o laxante para PC y llamaré a su técnico.
Parece mentira que se pueda acabar cogiendo cierto cariño a una máquina que, en ocasiones te desespera y a la que le dices alguna que otra peste cuando te deja colgada pero, así es... Será una máquina pero son demasiadas horas juntas en las que hemos aguantado tantos y tantos buenos y malos momentos.
Julia.


