jueves, 4 de marzo de 2010

Emprender el vuelo

Debía emprender el vuelo. Era una imperiosa necesidad que se había apoderado de su corazón.
El árbol le había dado cobijo, sustento, le había proporcionado alegría con el suave murmullo de sus hojas pero, sobre todo, había encontrado en él esa protección que, cuando se sentía indefenso necesitaba.
A pesar de todo necesita volar de nuevo. Volar muy lejos, descubrir nuevos horizontes, nuevas formas, nuevos colores pero, a su vez, sentía miedo, un miedo inmenso de abandonar todo lo que ahora poseía.
Los días pasaban y con ellos se acrecentaba su deseo de volar.
Una noche, antes de dormirse tomó la irrevocable decisión y una madrugada de primavera recorrió por última vez lo que fuera su morada para después emprender el vuelo.
Sintió un tremendo dolor, una enorme punzada que parecía atravesar de parte a parte su frágil cuerpo pero pensó que era por el pesar que anidaba en su alma por marcharse.
Le resultaba difícil, muy difícil remontar el vuelo. Luchaba con todas sus fuerzas para mantenerse firme en el aire y elevarse hasta alcanzar su objetivo.
Es el viento, pensó, ese viento que me empuja y hace más tortuosa mi partida.
Seguía luchando, agitando sus alas hasta que se debilitó de tal forma que, por fin, abandonó la lucha y se dejo caer planeando lentamente.
Mientras lo hacía contempló las hojas del árbol que había sido su hogar y en ellas divisó un casi imperceptible cambio, las hojas tenían unas pequeñas manchas que antes nunca había observado.
Una vez en el suelo, se sintió tan débil que se abandonó a ese sueño profundo que le llamaba.
No se percató de que en su rápida escapada las espinas del árbol le habían atravesado las alas.
Nunca llegaría a saberlo, porque jamás despertó de su sueño.

Julia.

6 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

al ave le invadió el sueño, le atravesaron las espinas... y como no lograría salir sola del sueño hubo manos que le dieron caricias a la hora de volver al mundo, a estar despierta.
las cosas cambian (afortunadamente) y entre ello lo feo.
del árbol lo variado no hará que nos amedrentemos. con convicción y nuevas metas (reforzadas por el amor de otros) alzaremos el vuelo.
te prestamos nuestras plumadas alas

Julia dijo...

Ay amiga Larraitz...
Ese pequeño pajarillo no despertará y creo que es mejor así porque, es casi seguro que no había nacido para emprender ese vuelo que tanto soñaba.
De todas formas, si yo alguna pierdo mis alas y necesitase volar, ten por seguro que tomaría prestadas las vuestras con todo cariño.

Julia.

larraitz con pompa dijo...

alas para ti

Julia dijo...

Gracias y, ya sabes, si en algún momento eres tú o tus Pompas la que necesitáis de las mías, cuenta con ellas.
Un beso.

Julia.

larraitz con pompa dijo...

gracias por el ofrecimiento... saberte entre nosotras ya es alarnos

Julia dijo...

Y para mí es todo un placer.

Julia.