lunes, 27 de diciembre de 2010

La Cenicienta de hojalata

El tictac de un reloj sin manecillas transformó antes de tiempo la carroza en calabaza.
La imposible princesa se destrozó los pies en su huída por el camino hacia ninguna parte y, así, ya nunca podría calzarse el zapatito de cristal.
Amanecía y antes de abrir los ojos la mente no pronunció la frase prohibida.
Afilados brotes de un mañana descarnaban los jardines del presente y el tictac de un reloj sin manecillas mencionaba, tímidamente, el comienzo de un futuro a dos caras.

Julia.

2 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

los relojes sin manecillas son tan benévolos o crueles como lo queramos nosotros... y es que cómo podemos llegar a alargar o a acortar el tiempo a nuestro antojo!

Julia dijo...

Amiga Larraitz, como siempre muchas gracias por no fallarme, por seguir aquí, al pie del cañón.
Un beso muy fuerte para ti y tus Pompas.
Julia.