sábado, 18 de diciembre de 2010

RECUERDOS DE LA INFANCIA II

- Mi Navidad -

En estas fechas, aunque no quieras, te invade la nostalgia.
Las luces de las calles, los adornos en los comercios, los villancicos, un artículo en una revista semanal…

Todo, absolutamente todo el entorno se vuelve como una conspiración para atraer recuerdos.

Me parece escuchar el abrirse la puerta de la casa donde viví siendo niña, el tintineo de las llaves de mi padre al guardarlas en el bolsillo, el roce contra la puerta de las agujas del pequeño pino que, como cada año le regalaban y a mi madre protestando porque cada vez mi padre aparecía mas pronto con el “dichoso arbolito”.
- Qué mas da mujer un poco antes que un poco después –decía mi padre-. Total, hay que ponerlo tarde o temprano y es mejor temprano para que la niña lo disfrute más tiempo.

Mi madre seguía protestando pero se subía a una silla y bajaba de lo alto del armario las cajas de cartón en las que se guardaban los adornos.

Era como un maravilloso ritual. Las ponía encima de la mesa de la cocina y sacaba con sumo cuidado cada una de las pequeñas figuritas.

Yo las conocía perfectamente pero al verlas cada año era como si las redescubriera y la emoción era tan intensa que mi corazón parecía que iba a estallar.

Allí estaba la enorme estrella de cartón forrada de papel de plata de las cajetillas de tabaco, las figuritas de madera, los lazos rojos un poco arrugados que mi madre, cada año deshacía para plancharlos y volver a anudar, tres pequeños farolillos de papel y una pequeñita caja dorada con un lazo rojo que correspondían a cada uno de nosotros, el pequeño Misterio que se colocaba debajo del pino y ya, pasados unos años, el gordinflón Papá Noel, la pequeña herradura de la suerte y una serie de luces de colores en forma de piña que, cada año tenía que comprobar mi padre armado de paciencia, cinta aislante y un pequeño soldador en ristre porque siempre había algún cable que se había soltado. En ocasiones, alguna de las luces se había fundido y no se podía arreglar, pero mi padre, al ver mi cara de decepción me decía que la pintaría con motitas de purpurina y se convertiría en una adorno nuevo del árbol.

Adornar el Árbol era todo un ritual. Se colocaban las pocas luces que teníamos procurando que una roja quedara justo debajo de la estrella y luego haciendo milagros para que, el resto, llegara a todo el árbol.

Después se colocaban la estrella y justo debajo de la luz roja Papá Noel. El resto de los adornos ya se colocaban al azar procurando que los farolillos y la cajita quedaran perfectamente a la vista.

Han pasado… Buffff… tropecientos años desde entonces pero cada año, al recordarlo, se emociona mi corazón y, os parecerá una tontería pero, aún se me hace un nudo en la garganta y necesito hacer un pequeño esfuerzo para contener las lágrimas.


Julia.

2 comentarios:

larraitz con pompa dijo...

querida y esperada julia! bienvenida!!!!
te hemos echado en falta... pero saber ahora que sigues empañando tus ojos al recordar el cartón con forma estrellada envuelto para brillar sobre el árbol quiere decir que sigues más que viva.
un abrazo caluroso por este regreso. no te vayas lejos...

Julia dijo...

Gracias amiga Larraitz por tus palabras y por seguir a mi lado.
Un cariñoso abrazo.
Julia.