viernes, 6 de julio de 2012

La página 117.


Una ventana de cristales empañados mostraba los destrozos que la última tormenta había dejado a su paso.
Esta vez nada ni nadie sustituiría las flores pisoteadas.
Cómo un viejo árbol, el calendario colgado en la pared dejaba que sus más de doce hojas se fueran secando tristemente.
De forma lenta, inexorable, un lejano reloj ponía con sus campanadas el punto y final.
En la habitación, el silencio, lloró sus incontables lágrimas que, en el fondo, tenían un número.
Todo, absolutamente todo giraba en torno al ciento diecisiete… al uno-uno-siete, al once-siete, al siete-once, al siete-uno uno, al….
El ahogado grito cerró la última página, la ciento diecisiete para, más tarde, abrir una nueva historia que se escribirá en blanco.

Julia.

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