viernes, 24 de agosto de 2012

Una tabla de salvación.


Te hundes una, otra, otra y otra vez pero, por suerte, casi siempre se encuentra una pequeñita tabla de salvación a la que asirse con uñas y dientes para sobrevivir, para salir a flote para…
Cada persona se aferra a su real o imaginaria tabla intentando que los monstruosos peces que habitan en su mar interior no nos ataquen y nos dejen el alma hecha girones.
Sobrevivir, esa es la consigna, sobrevivir aunque el barco se haya ido a pique por los embates de un mar fiero, sobrevivir, mantener la mirada siempre alerta por si en la lejanía se divisara una playa a la que arribar y, una vez en ella, tumbarnos sobre la arena y dejar que de nuevo el sol nos reconforte.

Julia

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