miércoles, 22 de enero de 2014

Nieva.


Sentada frente al ordenador contemplaba la pantalla, sin hacer nada, sin mirar nada, sin buscar nada, Celia dejaba pasar el tiempo en esa habitación que se había convertido en su “santuario”. 
Escuchaba música, eso siempre le apetecía, escuchar música en cualquier lugar de la casa. Boleros, últimamente, a su estado de ánimo, le apetecía ese tipo de música.
Sin motivo alguno desvió la mirada hacia la ventana y se sorprendió, nevaba.
Los, en principio, pequeños copos, se fueron haciendo más grandes y su caer lento, ondulante, dibujaba mil y un movimientos acompasados al ritmo de la música.
¡Que maravilla!, nevaba… y ella estaba allí, disfrutando de esa maravilla, de ese extraordinario momento.
La música envolvía “su” ambiente, los copos bailaban, se movían rítmicamente como por arte de magia…, todo, absolutamente todo era especial, todo era mágico.
Celia estaba casi segura de que la nieve no cuajaría porque, anteriormente, había llovido y era muy difícil que pudiera disfrutar de un paisaje nevado pero no le importaba, este momento era único, maravilloso.
No supo cuanto tiempo, pero Celia, se quedo embelesada mirando por la ventana…
De pronto los copos de nieve se fueron convirtiendo en una suave lluvia.
Desaparecía la magia, desaparecía su especial momento, desaparecían tantas, tantas cosas…
Volviendo a la realidad escuchó los últimos versos de una canción:

Ay amor, ya no me quieras tanto,
ay amor, no sufras mas por mí.
Si no mas, puedo causarte llanto,
ay amor, olvídate de mí

Una indefinible sonrisa apareció en el rostro de Celia.
El “instante”, su “instante”, había terminado, la magia había desaparecido, todo, absolutamente todo le devolvía a la absurda y vacía realidad.
Ay Celia, mi querida Celia…, no deambules…, encuentra tu camino…, encuéntrate.

Julia.

1 comentario:

Aileon dijo...

Por un momento me he dejado llevar... precioso. Un beso,amiga Julia