sábado, 1 de noviembre de 2014

Un adiós.


Esta semana ha sido dura, difícil, complicada, en resumen, ha sido una semana de esas que no se olvidan fácilmente. 
Un compañero nos ha dejado. Nos ha dejado allí, en el trabajo, sentado en su mesa, en silencio… 
Junto a la desesperación de otro compañero y la mía propia, las dos únicas personas que en esos momentos nos encontrábamos allí, se unió la de otras dos compañeras que llegaron un poco más tarde. 
Hacíamos todo lo que sabíamos, lo que nos iban diciendo por teléfono, lo que buenamente podíamos con la esperanza de que, cuando llegara la atención de emergencias, todo quedara en su susto, en unos terribles instantes de angustia y sufrimiento y que las cosas volverían a ser como antes. 
Pero no fue así, nada pudieron hacer y nuestro compañero, esa persona alegre, entusiasta, llena de vida, esa persona que siempre tenía una palabra amable para todos, un chascarrillo cuando las cosas se ponían feas, nos dejó para siempre. 
No trabajamos mucho tiempo juntos pero, ese tiempo que compartimos fue suficiente para decirte, de todo corazón, que fue un honor y un placer el haber trabajado contigo. 
Hasta siempre mi buen compañero.

Julia.

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