viernes, 22 de mayo de 2015

Emocionada.



Aunque hace…, buf…, bastantes años, recuerdo esos maravillosos momentos de la primera ecografía que me hicieron cuando estaba embarazada de mi primer hijo.
La tecnología de aquella época no tiene ni comparación con la actual pero, aún así, cuando por primera vez le vi moverse y escuché los latidos de su pequeño corazoncito me emocioné hasta llorar de alegría.
Sabes que estás embarazada, sabes que pronto habrá un pequeñín o pequeñina en la familia pero ese saber se vuelve tangible cuando le ves moverse, escuchas ese acelerado corazón y sientes que en cada uno de esos latidos te dice:

Estoy aquí, dentro de ti, siénteme, cuídame, protégeme, mímame…

Desde el momento en que sabes que estás embarazada le quieres, le deseas pero en ese instante, cuando le ves moverse, cuando notas su vida a través de los latidos de su corazón, es cuando realmente sientes que lo darías todo por él, que le quieres más que a tu propia vida, que su vida, su bienestar, su futuro estarán ligados a ti para siempre.
Hoy, esta mañana he recibido en el trabajo las fotos de la ecografía de mi nieto/a.
No he podido verle moverse ni he escuchado los latidos de su corazón pero el verle ahí, el saber que todo estaba bien, que se movía con fuerza, que su corazón latía como debía latir, que sus medidas eran las correctas para su tiempo pues…, me he emocionado de nuevo y, aunque alguna lagrimita pugnaba por asomar, ha sido la “tonta sonrisa de abuela” la que ha hecho que mis compañeras de trabajo se dieran cuenta de que la felicidad que me embargaba se debía a mi “nieto-bebé” y a pesar de las típicas bromas todas se han alegrado y emocionado conmigo cuando les he enseñado las fotos.
Sé que seré feliz y disfrutaré de ti mi niño/a desde ahora hasta que mi tiempo lo permita.

Julia.

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