viernes, 29 de mayo de 2015

Gracias.

Mi querido San Judas Tadeo.
Aunque de sobra conoces como pienso, como siento, ya que cada vez que me dirijo a ti es lo primero que te digo, de nuevo me has ayudado y me has concedido lo que tan insistentemente te pedí.
Pero ¿sabes?, estoy enfadada, mejor dicho, estoy muy cabreada y no porque tú me hayas fallado si no porque he sido yo la que he fallado ya que, además de mi petición principal, tenía que haberte pedido otras pequeñitas de acompañamiento.
Tenía que haberte pedido tranquilidad, buena memoria y, porqué no, un poquito de sensatez por parte de la otra persona pero, ya ves, no lo hice y lo que podía haber sido algo genial, se ha convertido, al menos para mí, en un cabreo de tres pares, en algo que ha hecho que decida que estoy más guapa callada y que en boca cerrada no entran moscas.
Gracias mi querido Santo, gracias y, por favor, la próxima vez que vaya a pedirte algo recuérdame que medite si tengo que pedirte algún aliño para ese algo.

Julia.

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