lunes, 25 de mayo de 2015

¡Por fin!



Después de dos años y ocho meses hace unos días me han dado el alta, un alta condicionada a que las cosas vayan bien y sea capaz de pasar la “prueba de fuego”.
Desde el primer momento he estado arropada, protegida, comprendida y apoyada por mis hijos. Siempre han estado ahí incluso me han reñido cuando han considerado que era lo que necesitaba para salir del bache.
Durante este tiempo me he dado cuenta de con quién podía contar, de quién estaba siempre ahí y quien “escurría el bulto” intentando dar la impresión de que “estaba”.
Ha sido una etapa de descubrimiento agradables, menos agradables y…, bueno, lo otro pero creo que en el fondo ha sido una etapa muy interesante porque me ha enseñado esas cosas que sólo se aprenden a base de “golpes”.
Cuando el año pasado me incorporé a mi nuevo trabajo estaba muy asustada, no sabía a lo que me enfrentaba y, además, mi sueño de siempre fue terminar mi vida laboral allí donde prácticamente la inicié pero, por desgracia no podía volver ya que el haberlo hecho hubiera supuesto volver atrás pues el problema, los problemas, estaban allí por eso mi decisión y el empujón que me dieron para que la tomara fue cambiar de lugar de trabajo.
Como decía cuando me incorporé tenía miedo, no tenía ni idea de cual era el trabajo que allí se realizaba ni conocía a nadie del grupo a pesar de la cantidad de años que llevaba en la casa pero para mi sorpresa y tranquilidad, esas personas me acogieron con cariño, me ayudaron desde el primer momento y descubrí lo que realmente es sentirse arropada por un compañerismo que no creía volver a encontrar.
Ahora me han dado el alta, ese alta que tanto deseaba y que he podido conseguir gracias sobre todo al apoyo, la ayuda y el cariño y la paciencia de mis hijos, a los especiales amigos que siempre estuvieron en los malos momentos, a los compañeros tanto viejos como nuevos que han estado ahí y que siguen estando y a mi nieto/a porque desde que sé que está en camino siento que tengo la obligación de verle crecer, disfrutar, vivir y sentirle feliz.

Julia.

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