lunes, 23 de noviembre de 2015

Aún no ha llegado.



Ayer fuimos a ver a mis hijos y a mi nieta.
Bueno, mi nieta aún no ha nacido pero cuando digo que fuimos a verla me refiero a que la sentimos moverse. Vimos como en el vientre de su madre se formaban unos pequeños bultitos mientras Alicia se movía cuando empecé a besarla mientras la llamaba cariño y la acariciaba.
Las personas que hemos sido padres, en especial las madres, sabemos el inmenso amor que nos produce cuando nuestros hijos se mueven dentro de nosotros, cuando responden a nuestras caricias, cuando les hablamos y se quedan quietos como si nos escuchasen, es tan intenso que muchas veces lloramos de emoción y felicidad.
Pero, cuando sentimos una nieta a través de la piel de una hija, porque hija es aunque sea mi nuera, cuando la vemos moverse, cuando podemos besarla, es un sentimiento diferente, no es menos intenso el amor que sentimos diría que es, lógicamente, una sensación distinta pero es una sensación intensa, intensa y emotiva, emotiva y maravillosa, maravillosa y…, en resumen, es…, mi nieta.

Julia.

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