domingo, 22 de noviembre de 2015

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A lo que me ha resultado muy fácil acostumbrarme es a no estar pendiente del puñetero despertador. De que suene por primera vez a las 6:00h cuando la noche anterior te has quedado leyendo un libro que resultaba ser tan interesante que, a pesar de que sabías que tenías que madrugar al día siguiente te decías: “Vale, sólo una página más. Un capítulo más. Un…” y acababas durmiéndote a la 1:00h o incluso algo más tarde.
Eso sí es algo que agradezco porque ya no tengo que pensar cuando me quedo leyendo en que, al día siguiente, se me caerán lo ojos cuando suene el despertador.

Julia.

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